ARRIESGARSE

Fabiana Pernía

¡Deslízate, deslízate! —gritaban mis amigos que estaban abajo en la piscina. 

Miraba hacia abajo con aquel temor, con nervios y la adrenalina que se siente cada vez que haremos algo sin saber cuál será el final. Mis manos temblaban. Respiré profundo, dejando que el aire caliente entrara a mis pulmones. Miré el paisaje desde lo más alto. Las nubes esponjosamente blancas y grandes, el cielo azul como si fuese el azul de la playa. Decidí aventarme por ese tobogán como si esta fuera la mejor decisión del día. Me senté y en mis nalgas sentía el agua fría que salía desde el inicio del tobogán. Coloqué mis manos en los muslos y el salvavidas que estaba ahí suavemente con su mano me empujó. 

Mi corazón se aceleraba a medida que avanzaba. En un abrir y cerrar de ojos ya estaba dando una de las cuatro vueltas del tobogán azul. Me deslicé sintiendo que me iba a salir por un lado. Quise alzar los brazos como hacía la mayoría, pero no sentí seguridad. Grité como una niña en la segunda vuelta. Llegué al final del tobogán como una bala. Todos mis amigos gritaron y aplaudieron. 

En la piscina estaba Jean y se acercó a abrazarme. 

—Lo hiciste bien —dijo—. Sonreí como una niña cuando le dicen que le van a comprar un helado.

—Gracias —dije—, aunque no lo volveré hacer. Nos reímos y salí de la piscina para ver mi teléfono. Ya eran las 3:30 de la tarde, el sol estaba calentando sabrosamente. Carmen se acercó y me dijo:

—Oye lo hiciste bien y vi que te abrazaron en la piscina —Levantó las cejas y sonrió. 


—Si, él es demasiado lindo —contesté, mientras me ruborizaba por completo. Carmen mañana tengo que trabajar, así que no quiero llegar tan tarde a mi casa ¿A qué hora nos vamos? —pregunté.


—¿Te parece a las cinco? Con eso nos da tiempo de comprar un cappuccino y una tartaleta donde Tato —dijo Carmen con sonrisa pícara.

Asentí y nos tomamos una selfie antes de entrar a la piscina nuevamente. Al final sentí que arriesgarse es bueno para activar nuestro cuerpo. Sin embargo, ni loca lo vuelvo a intentar o hasta de pronto sí, solo por sentir otro abrazo de él, pensé.

Arrancamos en el carro de Carmen con música de The Police porque a la conductora le encanta. Yo iba sentada de copiloto y atrás se encontraba Jean con Andrés. Nos demoramos aproximadamente veinte minutos en llegar a la cafetería de Tato. Es una cafetería que tiene más de treinta años. Queda en una esquina y es muy llamativa porque está pintada: mitad azul y mitad verde. Estacionamos el carro, nos bajamos. Andrés se fue mas rápido con Carmen porque tenían que ir al baño, así que caminé con Jean más lento hacia la cafetería. 

—¿Sigues asustada por el tobogán? —preguntó Jean y sonrió. 

Creo que me quedé detenida en el tiempo viendo esa sonrisa, torcida y pícara que siempre lo ha caracterizado.

—Ya se me pasó el susto. Tampoco fue para tanto. —le dije mientras sonreía— ¿Por qué me abrazaste? —inquirí. 

—¿No podía? —increpó.

—Sí, claro. Solo, ah… No lo esperaba. Nada más eso.

De repente se detuvo, yo lo hice luego de tres pasos más. Se acercó a mí y me abrazó. Mi corazón comenzó a latir más rápido. Levanté un poco los brazos y le correspondí. Tenía muchas dudas de por qué nuevamente hacía esto, pero su voz rápidamente me sacó de mi charla mental. 

—Te abrazo porque… te quiero —dijo en voz baja.

A pesar de que él no pudiera verlo, mis ojos se abrieron mostrando lo sorprendida que estaba por aquella “declaración”. 

—Espero me disculpes por lo que haré —continuó.

Se alejó de mí unos centímetros. Me miró a los ojos y enseguida me dio un beso en la boca.

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2 comentarios en «Arriesgarse»

  1. FABIANA PATRICIA PERNÍA. Buenos días compañera, hoy nos presentas una historia refrescante donde se vencen temores y se tejen sentimientos. Felicitaciones por tu narrativa. Un fuerte abrazo.🎊☀️☘️🌻👍📚📝🖋️🖊️✒️🙏🤗

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