SIN TÍTULO

David Quiñones

Ahora estoy bien, desde tu partida emprendí un viaje, no muy lejos, solo recuerdo que llegué a la costa. Allí pude olvidar aquella tarde tan nublada que me hiciste pasar, cuando que me hiciste trizas diciendo que lo nuestro ya no podía continuar, te lloré tanto ese día que incluso inventé un nuevo mar, pero era inevitable tu huida.

No entiendo por qué te esforzaste tanto en demostrarme «que me amabas», en darme el amor cada mañana, ¿para qué? si al siguiente día todo terminó. Te enaltecí tanto que dejé mi persona a un lado, te dediqué cada segundo, invertí todo mi amor y esperanzas en un corazón tan arrogante y frívolo que jamás me di cuenta realmente de tu ser tan malévolo.

¡Dios! ¿Qué hice? ¿Por qué lo cruzaste en mi camino? ¿Tan sólo era un eslabón? ¿Si era amor?

Desperdicié mi tiempo hablando de ti, diciéndoles a todos que tú no eras así, joder, te defendía a capa y espada como dragón a un castillo, como abeja a una flor, pero te importó un carajo todo lo que di por ti.

El regazo más exorbitante era cuando cerca estabas y podía sentir el palpitar de tu frío corazón, pero, aun así, yo te amaba. Amaba tu mal humor, tu arrogancia, tu frialdad, tus desprecios, tu extraña forma de darme amor; mírate, eres realmente una fractura en mi dolorosa vida, pero luché hasta el último instante.

Te irás para siempre y está bien, ahora que vine aquí te podré dejar volar, que Dios te colme de bendiciones y que nunca detengas tu camino como lo hice yo contigo.

Ahogarme en llanto está pasado de moda, lo mío es la constelación y ver cúmulos de ella; allí pude notar que hay más allá de lo que pensé, que la vida nos hizo coincidir y tú decidiste huir. Eso hacen los cobardes, pero, ¿qué puedo esperar de alguien qué ni amor propio tiene?

El criterio que tenía de ti, tu belleza, tu sonrisa, tu voz, todo era una interfaz de la persona que realmente eras. Afortunadamente pude obviarte, rechazarte, irme al instante cuando supe que me enamoraría de ese lunar tan peculiar. Pero yo sí sé abrir mi corazón y le di paso a tu esa hermosa bendición, te recibí como una flor a la primavera, pero, aun así, sabiendo que yo te quería te fuiste.

Tu arrogante idea de demostrar amor, era ponerme un “te amo” con un corazón; mi debilidad era dártelo en verdad.

Y ahora que todo se me vino encima, supe valorarme. Entendí que soy una persona muy especial, merecedora de todo porque me he entregado incondicionalmente; me vi en un espejo sin censura y me hizo ver lo grandioso que soy realmente. No tienes idea de lo que me costó aceptarlo, pero pude.

Ojalá la vida te regale ese amor que yo no supe darte, que nunca te haga falta esa sonrisa ni tengas miedo de alejarte de alguien y te produzca sentimientos de culpa.

Gracias por tantas lecciones, me hiciste reaccionar, salir del puto hoyo en el que estaba; te vas y está bien, nunca fuimos, nunca lo seremos, hay que aceptarlo.

Posdata: ¿Quién eres? Perdón.

Adiós.

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (5 votos, promedio: 4,20 de 5)
Cargando...

1 comentario en «Sin título»

Déjanos tu comentario