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DATE UN RESPIRO

Anushka Tereshkova

La tarde está calmada y el mar es una alfombra de agua cristalina, azul marino sembrado de gaviotas y cormoranes, salpicado de veleros y henchido de brillos solares en sus olas tímidas y fulgurantes

Es de siesta y tú te pones a coser en esa máquina que traquetea al ritmo de tus pensamientos, como un pájaro carpintero que no te deja olvidar.

Viste en el periódico que va pasar el barco que le lleva a la Antártida, a abastecer de víveres y medicamentos. Te asalta la duda si al recalar, en puerto, va a bajar a darte un beso o simplemente te llamará para que le desees buen regreso.

Por las dudas tejes una bufanda nueva color naranja, que le vendrá bien para las bajas temperaturas.

Se aproxima la hora y no llegan mensajes ni avisos, el pájaro pica con más fuerza y el pedal de la máquina se pone más y más violento.

Te miro y te propongo, sabedora de tu esperanza vana, un paseo por el puerto, para salir de la monotonía de tus costuras y mis cuentos en la Pc más vieja todavía que tu traqueteo interminable

Te pones tu chal viejo y tus botas bucaneras, que se parecen a la de un pirata a punto de zarpar, y yo mi sombrero rojo bien ajustado para que no se lo lleve alguna brisa fuerte y atrevida.

Al llegar a la costa los enamorados sueltan sus globos de San Valentín y se besan… Te veo a hurtadillas como los envidias y te esfuerzas por fingir que no te importa. El pájaro pica con más fuerza y saca lágrimas saladas de tus ojos azules como el reflejo del cielo en el agua.

A lo lejos se divisa el rompehielos que te trae lo que esperas y que acelera tu corazón, como supones, ha de acelerarse el suyo al ver las costas de nuestra ciudad, tan austral como bella. El pájaro comienza a debilitar lentamente su picoteo para dar paso al tecleo de tus dedos en las barandas del puerto

En pocos minutos la tripulación enciende la sirena de llegada y los marineros enfilan por las escalerillas del barco. Uno de ellos sonríe y se quita la gorra a modo de saludo.

Tu corres a recibirlos y te frenas en seco, aunado ves que otra mujer se arroja a sus brazos antes que tú.

El pájaro carpintero comienza a taladrar nuevamente, te tragas tus besos y muchas lágrimas saladas acuden a tus ojos azules como el agua y ruedan por tus pálidas mejillas.

Te abrazo y nos damos vuelta para regresar, cuando dos brazos fuertes te toman de los hombros y te estrecha al pecho amado que palpita junto al tuyo.

—Eh, ¿¡dónde vas? ¿¡Acaso no viniste a esperarme?

—Es que… ella —balbuceas mirando a la mujer parada a su lado.

—Es mi hermana que ha venido, también, a visitarnos. ¡Ella permanecerá aquí durante el verano!

Entre besos, abrazos y presentaciones te veo sonreír con la luminosidad del sol que se extingue detrás de las colinas y, también, veo imaginariamente como el pájaro carpintero se aleja a buscar otros sitios donde encontrar comida.

Me miras y lloras, lo abrazas y sigue llorando. Nadie más que yo te entiendo, porque también esperaba a alguien en ese buque, pero no ha venido.

Me separo de ustedes y camino lentamente bordeando el agua, miro impaciente el grupo de marineros que se encamina a la ciudad.

No, no ha venido….

Saco mi cámara fotográfica y hago toma panorámica, mientras el pájaro se me aproxima y comienza a tallar mi cabeza

Me siento a mirar cómo cae el atardecer, cómo los enamorados se alejan luego de una maravillosa tarde roja y celeste de San Valentín y me digo: Date un respiro, Catalina, deja ya de pensarle, que él de ti ni se acuerda, y las luces del barco comenzaron a encenderse como afirmando mis palabras.

Emprendo el regreso por la calle más solitaria y esquivo a todos los enamorados que se me pudieran cruzar por mi camino.

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3 comentarios en «Date un respiro»

  1. Anushka, me ha gustado tu relato! La expresión tan lírica a fondo de un paisaje marítimo y el ocaso le dotan de un romanticismo bello y casi respirable en el aire. La historia es muy bonita.
    Me ha encantado la imagen del pájaro carpintero alimentándose de nuestro pensamiento, taladrando nuestra lucidez y privándonos de toda esperanza.
    Me ha gustado mucho la imagen de la máquina de coser, que al menos se le pueda dominar no como al pajarillo. El color naranja de la bufanda es otro detalle delicioso que habla mucho.
    Hay dos detalles más que creo son muy característicos de nuestra esencia femenina: la empatía de la narradora que sufre el abandono y el olvido de otro marinero e intenta mitigar tamaño dolor en su acompañante más joven, aunque por el final vemos que el dolor es verde todavía, independientemente de la edad y de la lógica de la razón. El otro detalle, el que la joven estaba dispuesta a irse en silencio dando por sentado algo que no podía estar más lejos de la realidad. Creo que es parte de nuestra idiosincrasia, irnos en silencio si sospechamos la ausencia de amor, aunque la verdad es bien diferente, ya que no todos los marineros son como las gaviotas que vienen para secuestrar o privarte de algo para no volver más.

    La descripción inicial del mar como un cuadro vivo, como tierra también, me ha encantado!

    Un saludo cordial

  2. – Anushka Tereshkova es un texto lleno de nostalgia que me ha dejado con ganas de seguir deleitando tal delicia… felicidades
    Un abrazo a la distancia.

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