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TU LÍDER

Aaron Parodi Quiroga

 

Me gusta

Me gusta cuando la gente me saluda en la calle

siento su calor y afecto en cada abrazo

veo sus ojos llenos de emoción

noto en ellos su sinceridad y confianza

y aunque me preguntan siempre por lo mismo

trato de innovar mis respuestas ante lo obvio.

 

Saben mi nombre y apellidos completos

de mis temas favoritos para conversar

me escudriñan sobre la realidad del país

y me recuerdan la lucha que siempre

debe llevar encendida la llama de la esperanza.

 

Ven en mí su válvula de escape

comparten sus angurrias, porque su felicidad

se quedó enredada en las sábanas de un hotel

o en la cantaleta cotidiana de su compañera

o el pago oneroso de sus servicios públicos

o el desengaño del político de turno.

 

Pero siempre, antes de despedirse y

acabar sus argumentaciones

sobre sus infinitas desgracias

esbozan una sonrisa, un tanto deslucida

por la inevitable despedida del amigo

ese que logró escuchar sin chistar

todo su repertorio finamente hilado.

 

Por eso, me gusta la gente

que me saluda en la calle

sin dogmas ni prejuicios

así, sencilla y cálida.

 

Me gusta la gente.

 

 

Dolor

Me partiste el alma en mil pedazos

me negaste el placer de estar a tu lado

me borraste la belleza del día anterior

cuando te revolcabas con desquicio

juntando desaforadamente nuestros cuerpos.

 

Me arrastraste por la senda de la humillación

desprendiste mi piel con tu punzante palabra

ahogaste mi grito de libertad con tu desprecio

mancillaste mi único tesoro: Mi dignidad.

 

Nada más ayer te di de comer con mis manos

hoy cortas mis brazos con el filo de tu indiferencia

para evitar que te pueda tocar.

 

Conservas mi cabeza como trofeo ensangrentado

cuando ya se ha desprendido del putrefacto cuerpo.

 

Miras con desdén mi cercenada testa

buscando la satisfacción del dolor en mis ojos

pero es inútil, los cerré para siempre, evitando tu burla.

 

Si vuelves a sentarte a mi mesa

sabré que sólo es el fantasma tuyo.

 

Mientras tanto, en el resquicio de tu rocoso corazón

extrañarás no haber asistido al último encuentro.

 

 

Tu líder

Ahí va, amarillento y encorvado

fracasado y olvidado

la muerte resiste llevarse

esos forrados y pesados huesos.

 

Su corazón en bodrios quedó

a la puerta del averno

arrastra los delitos cometidos y

gaznápiro se vuelve al hablar.

 

Burla es de solípedos

y fementido su carácter permaneció

compasión siente el mangurrián en la esquina

termina funable su vida.

 

Atrás estuvo su existencia primorosa

y su imponente orgullo

esgrimió su legado contando muertos

de madres olvidadas y desarrapadas.

 

Como prolegómeno estableció

que la sangre inocente

enaltecería su victoria y valentía

y exacerbó ridículamente su ego.

 

Hoy disfruta merecidamente

del oprobio de los pobres

y esos áulicos esbirros

huyen en silencio acobardados.

 

Esas manos conservan aún

el arma ruidosa que cercenó

las cabezas de jóvenes

que se atrevieron a luchar.

 

Escozor me produce su apellido

y esa actitud morroestufa suya

agranda mis ganas por verlo

borrado de nuestra triste historia.

Su interregno lleno de desgracias

logró efímeras victorias

amasadas con cuerpos

de hombres descuartizados.

 

Miles de almas gritarán

en su tumba gélida

los nombres de sus víctimas

para evitar que descanse en paz.

 

Coletilla… 

El pescado

El asesino fue a comer pescado en un local del mercado. Cuando terminó de comer, le pregunta al mesero:

—¿De dónde traen ese pescado tan rico?

—Lo traemos directamente del río —contestó henchido.

A punto de vomitar, salió corriendo agarrándose el estómago. Recordó que días atrás había tirado el cuerpo de su víctima al mismo río.

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2 comentarios en «Tu líder»

  1. Hace mucho que no leíamos nada tuyo, me alegro de que, al fin, lo hubieras hecho.
    Es una lectura fluida, con sentido y una historia en cada uno que son el conductor.
    Me hiciste remitir en varias ocasiones al diccionario, y lo agradezco.

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