Mi Sol
Empiezo por los ojos, porque así empezó todo.
No es solo pintura, es el rostro del Inti,
el latido de un sol que no solo ilumina,
sino que quema las injusticias del tiempo.
Para nosotros, los indios,
pintar no es un acto de decoración,
es un acto de memoria.
Mientras mi mano se mueve,
siento el frío de la puna y el calor de las piedras;
cada rayo que dibujo es un antepasado que se levanta.
Dicen que nuestra historia fue silenciada,
pero aquí, en el lienzo, el silencio se rompe con el color.
Soy el barro que camina, soy el hijo de la montaña,
y este sol es el testigo de que seguimos presentes.
A veces el pincel pesa,
pesa porque carga con siglos de despojo.
Siento en el pecho ese nudo que dejaron
los que intentaron apagar nuestra voz,
los que quisieron alambrar el viento y el agua.
Ser Kolla hoy es llevar una herida abierta
que se transforma en orgullo.
Pinto con la rabia de quien sabe
que su tierra es sagrada
y la están saqueando,
pero también con la ternura
de quien cuida la vida.
Mi sentimiento no es nostalgia,
es una presencia viva,
es el llanto de la quena y la fuerza del erke.
Me duele el cerro herido por la ambición,
pero me sana la certeza de que mi sangre
es más antigua que cualquier frontera.
Mi pintura es revolucionaria
porque existir es nuestra revolución.
En un mundo que nos quiere uniformes,
nosotros elegimos la identidad.
Mi compromiso no es con la galería de arte,
es con la Madre Tierra y con mis hermanos
que custodian el salar y la cordillera.
No pedimos permisos para ser.
Este sol que pinto es un grito de guerra
y un abrazo de hermandad.
La verdadera revolución nace de adentro,
de saber quiénes somos y de dónde venimos.
Mi pincel es mi onda, mis colores son mis piedras;
cada trazo es un territorio recuperado
en la mente y en el alma.
Miren: este sol no es un sol que se pone,
es un sol que amanece con la fuerza de mil años.
Nuestra resistencia no es solo aguantar,
es fortalecer a pesar de todo, es seguir tejiendo,
seguir sembrando, seguir pintando.
Soy indio, soy Kolla, soy el eco de la montaña,
y mientras el sol siga saliendo,
mi compromiso con la tierra
y con mi pueblo será innegociable.
No nos han vencido
porque somos parte de este ciclo eterno.
Aquí está nuestra luz,
nuestra fuerza, nuestra verdad,
nuestra esperanza.
¡Jallalla!