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DOS VECES NO

Anushka Tereshkova

 

Esta vez hagámoslo diferente

Esta vez, hagámoslo diferente.

Tú escríbeme poemas

y yo te ahogo en realidad.

Te dejo la fantasía;

tú déjame el sueño frágil.

 

Hagamos de cuenta que somos otros, que quizá…

Yo te dejo quererme

y tú me amas cuando quieras.

Tú me sueñas

y yo me río de tus mentirosas fantasías.

 

Tú me insistes cuando yo te dejo.

Tú esperas, paciente, en la ventana;

me ves dormir

y me pones una manta.

 

Tú eliges el vino

y yo la música para bailar de madrugada.

Y tú me olvidas

al mismo tiempo que yo te olvido.

 

Porque ¿dónde está la felicidad

si todo lo hacemos igual?

Si de nuevo yo soy Cristo y tú eres cruz.

Si yo voy en la parte alta del subibaja.

Si tú eres viento y yo la falda.

 

Si yo soy la lluvia y tú el paraguas.

 

Debiéramos ser:

tú el hambre y yo la pasta;

tú el mar y yo la barca;

tú el soldado y yo las armas;

tú el hueco que deja la daga;

tú la sangre que caliente fluye antes de perecer…

 

Hagámoslo diferente esta vez,

a ver quién no aguanta.

Hagámoslo distinto,

a ver qué pasa.

 

Y si de nuevo no resulta

y aun así no me amas,

te diré que, en serio,

tú seas el que se vaya.

Que yo sonreiré triunfante porque te marchas,

porque al fin se habrá cortado de raíz la planta

que quiere crecer

en medio de la nada.

 

 

Perdimos los dos

Perdimos los dos.

Porque sí, era amor.

Porque nos tapamos los ojos con el resplandor.

¿Por qué dejamos que el resplandor nos cegara?

 

Éramos el uno para el otro

todos los días de cada día, cuando nos deportábamos,

cuando ensoñábamos antes de ver la luz del nuevo día,

cuando escribíamos y nos leíamos,

cuando nos protestábamos

porque no era suficiente nada.

 

¿Por qué te fuiste sin dar la pelea?

¿Por qué tardas tanto en volver?

¿Acaso tienes otra luna más redonda que la nuestra?

¿Acaso algo te grita más fuerte en la mente cuando hay silencio?

¿Acaso dudas de que era amor?

 

Nos dejamos encandilar,

nos dejamos matar,

nos dejamos…

 

Y perdimos los dos, perdimos los dos.

¿No te das cuenta de que perdimos?

¿Por qué tardas tanto en volver?,

¿por qué estás tan lejos de mí estando tan dentro?

Ten esta flor; cuando yo haya muerto,

déjala en la tumba más destruida que encuentres

y di mi nombre.

 

Ten este recuerdo y hazlo poema.

Ten mi aliento y vive un día más.

Ten una casa y, en algún rincón,

siéntate a pensar en nosotros.

Ten una noche estrellada

y aléjate del mundo para ver el cielo y llorar.

 

Llora,

porque hemos perdido los dos.

 

¿Por qué tardas tanto en volver?

 

Si no encuentras el camino,

recoge las flores, las rimas y las sonrisas:

han quedado desparramadas por el mundo,

por donde pasamos, por donde volamos.

 

Siente los olores, los aromas nuestros:

son el heno, las lilas y los vinos ásperos.

 

Sigue tus sentidos,

sigue el rastro,

sigue las notas de este amor perenne

que no tiene escondite.

 

Busca el camino,

sigue intentando la valentía.

 

Y si no tienes el mapa del regreso,

si no sabes perseguir

lo que te hará feliz eternamente,

guárdate la letanía en el bolsillo pequeño,

junto al corazón,

y calla.

Este amor ya se ha regado

con demasiadas lágrimas:

déjalo crecer en otra parte,

déjalo regar por otras manos,

déjalo reverdecer en otra tierra.

 

Y detén el reloj,

detén las horas,

en silencio.

 

 

Dos veces no

No, no regresará.

 

No va a volver.

 

Es un pasajero de otra historia,

de otro andén,

de otro tiempo.

 

Su figura quedó dibujada

como un tatuaje perenne

en un cuerpo nuevo,

y mi cuerpo viejo

ya lo ha desdibujado.

 

Si volviera, no me encontraría.

 

Yo tenía el pelo suave y abundante,

con aroma a manzana…

y él era todo sentidos:

ojos que miraban belleza,

tacto que sentía piel tersa.

 

No. No me encontraría.

 

Yo era toda sonrisa,

todo paz,

todo brío.

Ahora soy un calendario deshojado.

 

Y antes de llamar,

de tocar a mi puerta,

se preguntaría por mí.

 

Y me pensaría

como ya no soy.

 

Y yo no respondería

para no decepcionar.

 

Y no quiero perderlo de nuevo…

 

Dos veces… no.

 

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1 comentario en «Dos veces no»

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