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DETRÁS DE LA VENTANA

Patricia Ramírez Solarte

 

Solo tú…

Solo tú y tus pensamientos.

Solo tú y tus miradas,

solo tú y tus angustias,

solo tú y los misterios que encierras…

 

Tú, mujer, eres única y bella,

grande, virtuosa,

tierna y dulce como la miel más pura,

o eres amarga como la hiel que el odio derrama…

 

Eres amor que cautiva y, al mismo tiempo,

eres hechizo que enceguece,

eres el alivio y la cura,

eres apoyo ideal,

eres ausencia y compañía.

Eres fuego que calienta

y eres hielo que congela el alma…

 

Eres eso y mucho más,

eres el perfume de las flores al hablar,

eres ese aliento fresco al amanecer el día,

eres el misterio al llegar la noche…

 

Eres la cura en la herida,

eres ángel maternal,

eres la belleza pura,

eres un ser ideal.

Eres lo humano y lo tierno.

Eres complemento, porque sabes amar,

eres la ayuda, el misterio,

eres el miedo y la paz.

¡Eres lo más grande y bello

que Dios pudo crear!

Eso eres: mujer.

 

 

Soledad, compañera fiel

Tengo una inmensa necesidad de estar sola,

únicamente acompañada de mis múltiples recuerdos.

Quiero perderme en el silencio de mi soledad

para hallarme conmigo misma, disfrutarme y conocerme.

No he tenido tiempo para mí,

para saber qué se siente lejos del ruido, lejos de la necesidad del otro,

de sus carencias, de sus angustias, miedos y necesidades.

Lejos de la carrera diaria por sobrevivir a esta existencia trágica

amable, generosa y hermosa al mismo tiempo.

Soledad, compañera inseparable de mi destino:

te aparto cuando estoy contenta,

te ignoro cuando tengo compañía,

te guardo en un rincón cuando estoy ocupada,

hasta otro tiempo

en el que te necesito nuevamente con urgencia.

Soledad: eres, existes, te siento conmigo,

abrazadas en un dúo inseparable, eterno,

continuo y perpetuo.

Te distingo desde siempre, desde niña,

en todas mis etapas y en todas mis edades,

en todo lo que hago, miro, sueño y deseo.

Permaneces a mi lado, cuando estoy

acompañada y cuando estoy sola.

Cuando estoy sola, únicamente siendo yo misma,

estoy sola en la penumbra de la noche,

estoy sola en el amanecer de un nuevo día.

Estoy sola cuando el insomnio me busca y me hace compañía.

Soledad: naciste cuando yo nací,

vives cuando yo vivo,

ríes cuando yo río.

Soledad… dulce compañera de aventura:

tú y yo, juntas siempre.

 

 

Detrás de la ventana

Detrás de la ventana

veo la tarde llover,

veo la tristeza de la gente,

veo la lluvia caer.

 

Esa lluvia presurosa

que corre por doquier,

pasa rompiendo los muros,

pasa mojando mis pies.

Por los jardines del parque

y los andenes también.

 

Veo detrás de la ventana,

veo la tarde llover,

veo la tristeza de la gente,

veo la lluvia caer.

 

Veo, con desánimo,

el vidrio empañado que impide ver.

Veo la tarde llover,

veo la tristeza de la gente,

veo la lluvia caer.

 

La realidad dura y triste

de lo eterno que no fue.

Veo la tristeza de la gente,

veo la lluvia caer.

 

Veo caer, cual abundante lluvia,

mi felicidad, mi dicha y mi placer.

Veo caer mis anhelos,

veo caer todo mi ser…

 

Veo perdida mi alma,

mi valor y mi desdén.

Veo, cual copiosa lluvia,

que la tuve y que se fue.

 

Veo la lluvia furiosa

y vengativa caer,

siento la lluvia helada

y caliente mi café,

la alegría y la tristeza

abrazadas a la vez.

 

Veo detrás de la ventana,

veo la tarde llover,

veo la tristeza de la gente,

veo la lluvia caer.

 

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