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El jardín del amor que se extinguió

Silvio Peralta

 

MARÍA LAURA, EN LA PLAYA DE TUS SUEÑOS

María Laura, en la orilla de tus sueños,

donde el sol besa la arena dorada

y el mar susurra secretos al viento,

te busco en cada rincón del universo,

en cada estrella que brilla en el firmamento.

 

Tus ojos son el cielo de mi alma,

donde las estrellas de la ilusión se desvanecen,

y en el horizonte de tu sonrisa,

mi corazón encuentra su refugio secreto,

donde late con pasión y con fervor.

 

La arena de la playa es suave como tu piel,

pero en la intimidad de tu ser,

busco la esencia pura de la mujer real,

la que palpita en el ritmo de tu existencia

y me hace sentir vivo, con intensidad.

 

En la noche, cuando las estrellas brillan

y el mar es un espejo de plata,

te siento cerca, María Laura,

en el susurro del viento, en el canto de las olas,

en cada latido de mi corazón que late por ti.

 

Tu amor es la flor de mi corazón,

ese fruto que para mí no puede ser prohibido;

como los frutos del paraíso, es mi anhelo.

Sabórealo conmigo, en el jardín de nuestro amor,

donde florecen las rosas de la pasión.

 

María Laura, en la playa de tus sueños,

mi corazón late al ritmo del mar,

y en la arena de la playa escribo tu nombre,

pero es en tu mirada donde encuentro mi verdad

y mi razón de ser, mi amor eterno y fiel compañera.

 

 

EL JARDÍN DEL AMOR QUE SE EXTINGUIÓ

En el jardín del amor,

donde las luces cósmicas lentejuelean,

danzando al ritmo de los suspiros,

tú y yo nos encontramos,

y nuestro amor floreció

como un lirio perfumado

que embriagaba el aire.

 

Nuestros pasos se entrelazaban

entre los prados de la pasión,

donde el tiempo se detenía

y el mundo se reducía

a un solo latido,

el latido de nuestros corazones unidos.

 

Caminamos por sobre las piedras

pulidas por el tiempo,

y nos detuvimos en una ensenada de arena,

donde nuestros pies descalzos brillaban

bajo la caricia de la corriente plateada.

 

Pero, como una estela de un cometa

que ilumina el cielo por un instante,

nuestro amor brilló con intensidad

y luego se desvaneció en la oscuridad.

Y un día te alejaste;

con cada paso,

nuestro amor se fue marchitando,

como un lirio que pierde sus pétalos

en el otoño.

 

Hoy en día, lo que existió

solo es vestigio.

Oh, amor mío, ¿dónde se fue el tiempo?

Oh, amor mío, ¿dónde se fue el fuego?

 

El perfume fresco del lirio

que una vez nos embriagaba,

ahora es una puñalada,

un recordatorio de lo que se desvaneció,

un dolor que no se va,

un amor que se extinguió.

 

Y aunque el jardín del amor

sigue floreciendo,

para mí ya no hay flores,

solo espinas,

solo el recuerdo de lo que antaño floreció,

un amor que se disipó

y que nunca volverá.

 

Adiós, amor mío;

que el viento te lleve,

adiós, amor mío,

que el viento te cure,

adiós, amor mío,

y en el cielo nos encontraremos.

 

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