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VOLVER A MÍ

Fela Romero Brito

Poesía, mi querida poesía

Me reencuentro contigo, mi amada poesía.

Vuelvo a ti, a este refugio seguro donde mi alma siempre encuentra paz, cuando la vida afuera se ahoga entre tormentas de tristezas, desamores, adioses y agonías.

Poesía… mi amada poesía.

Regreso a ti, a la profundidad de las emociones que en mí se anidan, a ese universo infinito que se abre ante mí cuando en tus caminos a veces pierdo el rumbo, pero tú siempre me guías al reencuentro conmigo.

Me pierdo en ti, mi querida poesía, entre tus versos y pausas, entre palabras sueltas, ilógicas y, a veces, sin rima.

En este largo y ancho camino encuentro respuestas que a mi alma dan alivio, mientras voy descubriendo y escribiendo un nuevo destino.

Aquí estoy, poesía querida. En tu silencio escucho con claridad la fuerza de mi razón, más allá de los latidos de mi desatinado y errático corazón.

Aquí estoy, poesía de mi vida, rendida nuevamente ante ti… para que otra vez, como siempre y como antes, me salves de la tristeza, de las ausencias… y, sobre todo, me salves de mí.
Aquí estoy… poesía mía, porque cuando el mundo afuera pesa demasiado, siempre me llevarán a ti mis pasos para aliviar este corazón agobiado.

Vuelvo a ti, poesía querida, a tus brazos de tinta, a tu verdad desnuda e infinita, a la magia de convertir el dolor de mis heridas en versos y a vestir estas lágrimas mías con la pasión de la palabra escrita.

Aquí estoy… y aquí estás, poesía querida, y en cada palabra que de mis entrañas sacas, me muestras una parte de mí que ya creía perdida.

Quédate conmigo, poesía de mi vida.

 

Instantes…

El agua va cayendo lentamente; la brisa corre caprichosa y danzarina…

El sol ilumina las hojas de los árboles y, poco a poco, la tarde comienza a invadir el ambiente…

La nostalgia se me derrama… la melancolía me ahoga y en mis ojos se asoma el débil reflejo de un triste rocío…

Escucho el trinar de un ave viajera y, en silencio, le imploro que me lleve con ella a conocer rumbos nuevos, lejanos; otros cielos, otro sol, otra luna…

Una mariposa se posa en aquella flor… es entonces cuando mi alma quiere volar y desterrarse de este mundo falso y banal…

Pero… ¡qué ilusa mi triste alma!

Condenada a seguir aquí, en este mundo, en este instante…
Y así sigo…

¿Viviendo a diario o muriendo a diario?…

¿Viviendo un poco cada día o muriendo otro poco minuto a minuto?

Y así sigo, presa de este diario vivir, buscando a cada instante el placer infinito del anhelado morir…

 

Volver a mí

Y entonces la fuerza de voluntad, junto con la dignidad, amenazan con traicionarme.

Al oído me susurran que te escriba, que te busque, que te hable y te pida que me abras un pequeño nido en tu corazón… en tu alma.

Pero mi voz se niega a salir; mis dedos prefieren quedarse inmóviles y, esta vez, la razón se sobrepone al corazón.

Y me abrazo entonces al escudo del silencio…

Pues, aunque este amor lo siento con la intensidad que corre por mis venas, deberá quedarse habitando únicamente en los sueños… en mis sueños.

Porque hoy, en mi realidad, solo reinan tu olvido, tu silencio, tu indiferencia y tu menosprecio.

Solo me quedan los sueños, donde mi alma se siente libre de correr hacia ti; donde los besos que he guardado encuentran por fin el camino para llegar a tu boca; donde mi cuerpo entero se abraza al tuyo, buscando fundirse en un solo ser… como antes… como ayer…

Te amo… y me pudre amarte, porque no puedo decírtelo.
No puedo entregarte todo esto que ya pesa y me cansa el alma.

Te amo… y me duele amarte, pues el muro que levantó tu adiós partió mi vida en dos.

Y aunque quisiera, aunque la vida lo permitiera y el tiempo retrocediera, ya no podría volver a ti.

Me sembraste demasiado dolor.

Hoy ya no quiero volver atrás. Hoy solo quiero sanarme, reconstruirme y regresar de donde nunca debí salir… volver a mí.

Y cuando por fin lo consiga, tu recuerdo dejará de doler y será apenas una cicatriz… una prueba de que te amé con todo lo que yo era, pero también de que fui capaz de sobrevivir a tu ausencia, con todo lo que ahora soy.

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