INSTANTES ETERNOS

Carmina Vivero Domínguez

La vida está llena de momentos, de pequeños y diminutos instantes que se sienten, se miran, se respiran, se escuchan, se disfrutan, pero al cabo de un rato desaparecen y después, sólo queda guardarlos en la memoria, pero no en esa que todos poseemos, sino en la del corazón que nada olvida. Es ahí, donde esos instantes vividos se convierten en eternos.

¿Cómo olvidar aquellas fiestas de cumpleaños que mis padres me preparaban con tanto esmero? Aquí sigue presente la calidez que de pequeña solo encontraba en los brazos de papá. ¿Cómo olvidar aquellas madrugadas en que mi mamá y yo hablábamos de todo y de nada? ¿He olvidado ese olor tan peculiar a comida de hogar que preparaba mi mamá, devolviéndome las fuerzas después de una jornada en la escuela? ¿Acaso he olvidado el primer beso del amor de mi vida aquella noche de noviembre? ¿He borrado la emoción que invadió mi corazón cuando me gradué con honores? Creo que mi instante eterno preferido fue ver los ojos de mi hija por primera vez.

Nada de eso ha escapado de mi memoria, aunque han sido pequeños, los tengo muy grabados y los atesoro celosamente, porque son míos, porque yo fui la protagonista, porque fui yo quien los disfrutó, porque fui yo quien los vivió.

Así como no olvido los momentos maravillosos que he pasado, desafortunadamente tampoco logro borrar aquellos cuando siendo adolescente me rompieron una y otra vez el corazón, como si no lo tuviera. También preferiría borrar aquellos años, cuando salí de casa a estudiar y enfrentarme a un mundo totalmente desconocido. No sé cómo despojarme del mal recuerdo de aquella fecha trágica en que se fue mi madre y con ella mi vida entera. He querido borrar el silencio que escuché, cuando lo que anhelaba era oír las palpitaciones de mi primer bebé, ese bebé que nunca conocí.

Al final del día, esta dualidad de experiencias buenas y malas me han forjado, convirtiéndome en la mujer que soy. Sin duda, los malos tiempos me han servido para reflexionar y aprender que la vida no siempre es lineal, las turbulencias te sacuden una y otra vez evidenciando que estás viva. En cambio, los buenos tiempos me han llenado el alma de fe para creer que pueden venir épocas aún mejores y, si llegan, debo aprovecharlas y atesorarlas.

Instantes eternos que permanecen siempre para la memoria del corazón, ese corazón que algún día dará su último latido y con ello cerrará el baúl de las remembranzas. En tanto llegue ese momento, aquí seguiré, archivando experiencias, recordándome una y otra vez que estoy viva, a veces feliz a veces triste, pero viva al fin.

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9 comentarios en «Instantes eternos»

    1. Muchas gracias por tu comentario y por el trabajo que realizas en esta editorial para que todos tengamos un espacio en ella.
      En esta vida cada quien conoce y atesora sus propios instantes porque son tan íntimos, tan nuestros… pocas veces los compartimos y en esta ocasión quise mostrar algunos de ellos.
      ¡Abrazos virtuales Yede!

  1. Gracias por compartir tan bello pensamiento me hace atesorar más las conversaciones con mi madre hermosa la felicito en verdad es usted una gran inspiración.

    1. ¡Nuevamente gracias por tu comentario, por leer y compartir el artículo!
      Todos tenemos nuestros propios recuerdos y me da gusto que las pláticas con tu mamá más que un recuerdo sigan siendo algo que vives a diario. Conversa con tu mamá de todo y de nada, ese es un privilegio que algunos ya no poseemos.
      ¡Saludos!

  2. Leonel Albíter Rebollar

    Buenos días Dra Carmina
    Su artículo me hizo vivirlo en carne propia porque lo hizo con el corazón, el alma y la mente de una persona humilde y sencilla como usted.
    Mi más sincero reconocimiento y felicitación por su obra literaria. 👏👍🙏

    1. ¡Me alegra su comentario estimado maestro! Es para mi un gusto que lo haya leído y que se exprese con esas palabras de mi persona.
      Permitame comentarle que en esos instantes eternos que atesoro también está presente la convivencia de mi familia y la suya en aquellos tiempos de mi niñez en que nuestras reuniones eran cotidianas. Ir a su casa y reunirnos todos como una misma familia es algo que agradezco haber vivido.
      ¡Saludos!

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