LA PELÍCULA FINAL

Víctor Hernández

 

Te besaba

Te besaba. Me cantabas al oído
y tus brazos eran mi bufanda para un inmenso frío.
Recostados en la cama, hicimos una lista de pueblitos para visitar en vacaciones.
Me mirabas a los ojos para después lanzarme una de tus sonrisas coquetas.
Te besaba, despacio, sin prisa. Sin miedo.
Después veíamos la televisión tirados en el sofá con una pizza fría
y sobrecitos de cátsup regados en la mesa.
Nos ganaba el sueño después de medianoche. Sobre mi cuerpo descansabas.
Te besaba, después cuenta me di que no.
Sonó el despertador y entendí que no estabas aquí.
Que sólo te soñé.

 

 

Invisible

Te podrás preguntar por qué no consigo dormir en las noches, por qué el insomnio se instala en mi cama al empezar la madrugada.
Es este miedo inquietante de soñarte, de cerrar los ojos y que los tuyos aparezcan ahí, en esos sueños que, al despertar, se quedan grabados por el resto del día.
No puedo creer que te extrañe tanto, que no consiga pasar 10 minutos sin pensar en ti.
Que mi soledad sólo pida ser llenada con tus besos y que no me dé cuenta de que esto me está matando, que por más intentos que haga siempre voy a ser invisible.
Escribo y borro sentimientos en forma de poesía, las hojas se inundan de rayones y de frases sin terminar.
Porque ya me da miedo el que me leas y es que sé que no sientes nada al hacerlo, que a veces ni me dan ganas de volver a escribir.
Las manecillas del reloj avanzan lento.
Me llena de frustración tenerte cerca y no saber descifrar tu alma.
Duele, duele tratar de entender que el papel que juegas en mi vida está a punto de terminar.
Que se me agotaron las opciones para incrustarme en tu pecho.
Que estás ausente, aunque estés frente a mí.
Intento contar las estrellas y sólo observo constelaciones formando tu silueta.
Te veo a distancia y tú no logras verme
cuando estoy junto a ti.
Soy invisible y duele.

 

 

Si estuvieras aquí

Si estuvieras aquí, ahorita ya estaría escribiendo versos sobre tu espalda mientras te hago sentir la mujer más amada con caricias que no sólo toquen tu piel, sino tu alma.
Te haría el amor no sólo estando desnudos sobre una cama, sino con ropa mientras charlamos tomando café.
Te llenaría de esos detalles que no puedes comprar en la tienda de regalos pero que valen mucho más.
Si estuvieras aquí, conmigo, te pediría que me hablaras de todos esos sueños que tuviste que hacer a un lado por complacer a los demás y te prestaría mi almohada
para que los volvieras a soñar.
Te diría lo hermosa que te vez por las mañanas antes de maquillarte.
Te invitaría a bailar tu pieza favorita
bajo la lluvia de octubre.
Te explicaría por qué me gusta tanto la música de mi cantante favorito y te pediría una lista de películas que han marcado tu vida para después verlas en el sofá.
Si estuvieras aquí, comprenderías él significado de amar de verdad.
De vez en cuando te regalaría tus flores preferidas y compraría un par de pulseras de esas que unen personas a distancia, una para cada quien.
Mi prioridad seria tu sonrisa. Mi valentía, tu voz.
Haría malabares con tal de que la luz de tus ojos no se apague.
En verdad, si estuvieras aquí, me encargaría de hacer que tú sólita tires y pierdas la llave de la puerta
cuando ya no te quieras ir.
Si estuvieras aquí, todo sería mejor.

 

 

La película final

Así es esto, unos te destruyen
y otros te vuelven a unir.
Somos rompecabezas que no todos saben armar y al que la mayoría le pierde piezas.
Y volvemos a creer en promesas
que no se cumplen.
Y nos volvemos a equivocar y de nuevo juramos no caer.
Pero es nuestro destino, tenemos que vivir algunos cortometrajes para poder llegar a la película final y es ahí donde la mejor escena será tu sonrisa al despertar.

 

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1 comentario en «La película final»

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