POEMAS DEL DESAMPARO

Henry A. Manrique B.

 

RESPUESTA AL TEDIO DE MAURICIO


Sé que el tedio es un cansancio,
un no querer ser o estar
en una ciudad
que se destila en calles,
heridas abrumadoramente largas.
Entonces la esquina es matemática aburrida
que se incrusta en los placares,
esto nos enseña a subir o bajar,
es decir, a ubicar un o horizonte,
siempre, siempre inalcanzable como el cielo
que está más allá de las terrazas.
En esas circunstancias
el tedio también puede ser una nostalgia
de pretérita mirada,
mirada de una memoria triste que se aferra
a una pequeña aldea donde empezó la vida.
Pero el tedio, con sus angustias,
nos puede redimir, también,
de algún abandono,
de algún modo puede perdonar la ausencia,
de algún modo puede reconstruir caminos,
puede encontrar, desandando huellas,
la sangre de la primer estirpe.
Es bueno saber,
cuando nos arropamos
en el pliegue del ande, brumoso y frío,
que el tedio es un “sucedáneo del tiempo”,
y más que eso
es un escape,
un deseo que hace olvidar la gran ciudad por un instante.

 

 

DE LA INUTILIDAD DEL HOMBRE FRENTE A LOS ASTROS


Este sol
esta luna inalcanzable
fuegos lejanos
sin sentido
ocupando un espacio
insondable
giran sin reposo.
En su inmensidad
callando
dicen
lo que será el azar de los mortales.
Para entenderlos
los palabreamos
amarillo
blanca
aún así
seguirán paladeando
sus silencios
y
en un segundo
en un minuto
en una hora
ni cuenta se darán
que ya no estamos
El hombre
es
frente a su bastedad
ocaso
sombra
proyección inútil
vanidad pasajera
mentira
derrota
nada absoluta
METÁFORA.

 

 

AL NACER EL DESAMPARO

Evidentemente
el llanto
el “chirlo”
anuncia la alborada.
Qué marca,
qué tatuaje,
qué estigma,
qué obediencia.
Ombligo
el ser en el centro,
el centro del ser,
qué creencia en el inicio de la vida.
Mentiras,
confabulación
de dioses y demonios,
agua bendita,
ganancias de tonsurados.
Madre,
Útero,
Amor,
Única verdad.
Luego la separidad
y el principio del fin.

 

 

LOS ASESINOS EN UN DIA NORMAL

Im Arturo Cisneros                   

Presumiblemente habrán despertado,
respirarán profundamente,
se limpiarán las lagañas,
y pedirán un pan.
Luego saludarán,
la oración la dejarán para el final.
Pensarán en el trabajo, en el horario,
se vestirán de negro o de verde y saldrán a la calle.
Desprevenidos de todo
caminarán tranquilos pues nadie los reconocerá,
serán estúpidamente cotidianos,
organizarán el regreso, tendrán hambre, frío,
ambiciones, tendrán, acaso, hijos.
Quizá amen con la misma intensidad de los honrados
y planearán el mañana tratando de olvidarlo todo.
Los asesinos tienen un rostro, una mueca,
unas manos diestras para acertar los golpes
y para afilar los instrumentos del dolor;
unos pies grandes para punzar costillas,
y tendrán un alma negra, cansada,
arrugada, encorvada,
pues la muerte, que hace malabares
en sus hombros, pesa mucho.

Con su guadaña,
su maestra,
la parca,
también los espera,
pero su viaje será más largo y lento,
su viaje hacia el infierno será un laberinto
cargado de fantasmas.
Recorrerán un trayecto abandonados de toda misericordia,
sin dios que lo proteja,
sin opción para el perdón,
tendrán que di-vagar como Caín,
eternamente,
buscando la conmiseración
en la memoria de los hombres buenos.

 

 

ESA SABIDURÍA ACUMULADA

Sé muy bien
que hace tiempo
no nos buscan
que la trascendencia de la sangre
se escondió en otros rincones
y ya no la vemos
ni le hablamos
ni la oímos
¡pero cuanto la extrañamos!
Bien sabemos
Que todo es más grande
las habitaciones
los salones
los comedores
el patio
y los zaguanes son laberintos
que multiplican los recuerdos
Exactamente sabemos
que es más agresivo el silencio
y no son suaves los retratos vivos
que amasan las paredes
Sé también
que tú sabes
que dos dolores
logran ser uno cuando se juntan
en una inmensa soledad.

Con toda esa sabiduría acumulada
agarrémonos las manos
y extrañemos
más juntos que nunca
a los hijos
que se fueron.

 

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