ESE DÍA LLEGARÁ

Luca Ariano

Traducción de Mariela Cordero

 

Ya no sueles ir a caminar…

Ya no sueles

Ir a caminar…

como cuando eras niño

y después de un debilitante período de gripe,

anhelabas salir a la calle

y correr tras una pelota de fútbol.

Nunca será como estar en tus avenidas,

tu vecindario, esas villas Deco

demasiados solemnes:

ciertamente no son adosados…

a tu miope mundo de los ochenta.

Tu madre no estará allí para anunciarte

que es hora de cenar, ni tu padre cansado del trabajo,

viviendo otro día entre la vida y la muerte

pero siempre sonriendo para tu bien.

Buscas sus pasos en cafés cerrados,

arcadas silenciosas que presenciaron

besos de despedida al atardecer.

Quién sabe cuándo volverás a ver

su figura surgiendo de detrás de mármoles milenarios,

ahora que hasta una suave temperatura  

te asusta como las sirenas lejanas.


 

Eri più abituato a passeggiare…

Eri più abituato

a passeggiare…

come quando bambino

dopo una lunga influenza

anelavi a correre in strada

dietro quel pallone.

Non saranno mai i tuoi viali,

il tuo quartiere, troppo solenni

quelle ville Liberty:

non sono certo villette a schiera …

il tuo miope mondo Anni Ottanta.

Non ci sarà tua madre a richiamarti

per cena, tuo padre stanco dal lavoro,

un’altra giornata tra vita e morte

ma sempre sorridente per voi.

Cerchi il suo passo tra caffè chiusi,

portici silenti che videro

baci di commiato al tramonto.

Chissà quando rivedrai spuntare

la sua sagoma dietro marmi millenari,

ora che poche linee di febbre

spaventano come sirene lontane.

 

 

¿En qué temporada te estás quedando atrás?

Una nevada tardía desde la ventana de la buhardilla

con una frente cálida…

también te aterrorizan de las sirenas.

Te encuentras casi en el verano:

tormentas repentinas y animales

bajando a las llanuras entre plazas y malezas.

La ciudad, una fila de avenidas

con los signos «Se alquila», «Se vende»

y ya no puedes encontrar esos bares y tiendas.

Haciendo fila en «Compramos Oro», en los bolsillos

joyas antiguas símbolo de otras estaciones,

sacramentos para celebrar.

¿Adónde fueron esos domingos?

desaparecieron como las oraciones de un santo

para detener los flujos de lava,

pero llega uno nuevo para invocar

los milagros bajo las catacumbas.

Esos dibujos de Egon ardían como la fiebre

en tu pecho… modelos olvidados,

para ser esbozados en un retrato

borracho en algún café antes de la guerra,

en el ocaso de otro imperio secular.


 

A che stagione sei rimasto?

Una nevicata tardiva dall’abbaino

con la fronte calda…

il terrore di sirene anche per te.

Ti ritrovi quasi in Estate:

temporali improvvisi e animali

scesi in pianura tra piazze ed erbacce.

La città una fila di viali

con cartelli “Fittasi”, “Vendesi”

e non trovi più quei bar e botteghe.

In coda da “Compro Oro” nelle tasche

antichi gioielli simbolo di altre stagioni,

sacramenti da celebrare.

Dove sono andate quelle domeniche?

Svanite come le preghiere di un santo

per fermare colate di lava

ma già uno nuovo da invocare

per miracoli sotto catacombe.

Quei disegni di Egon arsi come febbre

nel petto… modelle dimenticate,

da abbozzare in un ritratto

bevuto in qualche caffè prima della guerra,

alla fine di un altro Impero secolare.

 

 

Ese día llegará

Ese día vendrá

y ni siquiera te darás cuenta,

como de costumbre.

Estarás demasiado concentrado en los libros, en el olor del papel:

No será un Adviento y olvidarás los nombres

de las calles,

esas esquinas donde esperanzado,

planeaste,

soñaste.

¿Con quién vas a hablar?

Se desvanecerán como el recuerdo de su voz,

su sonrisa de dientes grandes

y sus manos venosas.

No tendrás a nadie en Navidad

Sólo una niebla que oculta los balcones decorados

como nada estaba,

en las últimas filas antes del final.

Harás el amor allí otra vez

esperando el sonido

de las campanas

y la memoria se perderá en esa iglesia rural:

fue uno de los primeros cristianos de la zona,

sepultado como un mártir

por la historia.


 

Arriverà quel giorno

 – eccome se giungerà –

e nemmeno ti accorgerai,

come hai sempre fatto.

Troppo intento ai libri,

il profumo della carta:

Non sarà un Avvento

e dimenticherai il nome delle strade,

quegli angoli dove speravi,

programmavi, fantasticavi.

A chi regalerai storie?

Si affievoliranno come il ricordo

della sua voce, il suo sorriso

di grandi denti e mani venose.

Non avrai nessuno da far giocare

e la Vigilia una nebbia

che cela balconi addobbati

come nulla fosse,

di ultime code prima della fine.

Farete ancora l’amore lì

forse attendendo il suono delle campane

e la memoria si perderà

in quella chiesa di campagna:

fu dei primi cristiani della zona,

sepolti come martiri dalla Storia.

 

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