VIDA DESPUÉS DEL COVID-19: ROBERTO DOMÍNGUEZ

Daniela Ríos Guarín

En el corto proceso que llevo escribiendo me he dejado impactar por las historias; he sentido todas las emociones que se generan al escuchar las vivencias de las personas; he improvisado las preguntas tratando que el entrevistado y yo disfrutemos el encuentro y ambos podamos aprender. Soy consciente que quizás vaya en contra de un estilo periodístico tradicional y tal vez se esté revelando uno de mis secretos para escribir. Hoy les traigo una historia que me generó un revoltillo de sentimientos en solo tres horas. El protagonista es Roberto José Domínguez Flórez, de Chinú, Córdoba, tiene 49 años y mil historias por contar.

La cita se dio de manera virtual, era el jueves 14 de julio, ese día me desperté feliz, porque lo entrevistaría. Desde meses atrás habíamos cuadrado el encuentro, iban siendo las 3:30 de la tarde y estaba todo organizado, empezaría a las 4:00, rogaba que no se fuera el servicio de energía, que el internet fluyera, y así fue, empezamos a las 3:55. La conversación programada para una hora, tardó tres, el tiempo pasó volando sin darme cuenta. Habló de su amor por los comics y los carros, de su esposa, del nacimiento de sus hijos y su vida después del covid-19. Roberto Domínguez es padre de cuatro hijos, docente de dos colegios en Montería y casado hace 21 años con Luz Marcela Izquierdo.

Se le interroga sobre la forma en que se contagió de covid-19, y dice: “Realmente hacía todo lo posible por no salir, no sé ni cómo me contagié”. Comenzó a relatar que el 07 de julio de 2020 se encontraba compartiendo el cumpleaños de su suegro cuando comenzó a tener dificultad respiratoria y una tos persistente, de inmediato un amigo médico al que llamaron por teléfono recomendó unas terapias. Al día siguiente al no sentir mejoría decidió ir al hospital, acompañado de su esposa.

En el hospital fue atendido y estabilizado, había llegado con saturación de oxígeno muy baja, sin embargo, el médico le dijo que lo tendrían que trasladar a un lugar donde le brindaran una atención adecuada. “Aquí no podemos atenderte bien porque somos un hospital de primer nivel”, dijo el médico. Una vez escuchó esto le comentó a su esposa que quería ir al Hospital del Río en Montería, pues la remisión había sido hecha para Lorica. Se hizo todo lo posible para que lo recibieran en Montería, y se logró. Después de un rato se arregló todo para el traslado en ambulancia.

Cuando llegaron a la Clínica del Río dijeron que no podían recibirlo porque tenía carnet de Medicina Integral, entonces lo llevaron allá. Luego que le hicieron la prueba de covid-19, la enfermera le dijo: “Don Roberto, le tengo una mala noticia, salió positivo, vamos a hacerle una placa de pulmón para ver cómo se encuentra”. Eran las 10:00 de la noche y él no se sentía enfermo, pero tenía dificultad para respirar. El médico le hizo saber los resultados de la placa: “Está bastante complicado porque tiene los pulmones congestionados, debemos internarlo en la Unidad de Cuidados Intensivos porque necesitará intubación”. Hasta ese momento recuerda todo a la perfección.  De allí en adelante solo le vienen imágenes cuando le quitaron la ropa y le pusieron un pañal desechable. A su esposa le sugirieron que se fuera para la casa.

Hay algo que se debe destacar y que normalmente no todas las personas suelen tener, el señor Roberto es elocuente, de voz firme, en momentos pareciera que estuviera leyendo las respuestas, es increíble, nunca gagueó, no hizo uso de las muletillas comunes.

De su ingresó a la UCI dice que tenía sueños muy vívidos: “En los sueños yo moría y resucitaba —el señor Roberto sonríe, luego retoma su relato—. En ese son morí tres veces y resucité tres. Una por cada intubación que recuerdo, pero en realidad fueron cuatro. Uno de los recuerdos que tengo claro fue en la última intervención, había mejorado bastante y la enfermera me dijo que iban a liberarme de los tubos, pero debían mantenerme amarrado a la camilla para que no fuera a lastimarme mientras dormía”.

—¿Por qué me tienen así? —preguntó, cuando se dio cuenta que estaba amarrado.

—Mire señor Roberto —dijo la enfermera con mucha amabilidad—, ¿usted si se acuerda que ingreso aquí y que fue diagnosticado con covid-19?

—Sí —dijo.

—Bueno, el covid-19 le provocó una neumonía crónica y le complicó mucho los pulmones. Si usted se quita lo que tiene encima, usted se muere. ¿Usted quiere morirse?

—No —dijo, un tanto asustado.

—Entonces por favor colabórenos —replicó la enfermera—. Déjese atender para que puede mejorar.

A pesar del cuidado del personal médico y el buen comportamiento del señor Roberto, su situación se complicó de nuevo. Los médicos le informaron que debían someterlo a una traqueotomía. “Ese proceso consiste en que te perforan la garganta por donde sumergen un tubo en la tráquea y colocan otros aparatos que son los que van a respirar por ti”.

En este momento mis ojos se aguaron y casi no logro seguir la conversación; sentí un nudo en la garganta y las lágrimas rodaron por mi mejilla. Hubo un punto dónde por poco le pido parar porque estaba muy conmovida, pero preferí seguir.

No todos los recuerdos son desagradables. Un momento significativo fue en la última intubación. El encargado de la UCI le contó dos sucesos relacionados con su salud. El primero fue con un amigo que es sacerdote que cuando le contó sobre el señor Roberto comenzó a llamarlo casi a diario para preguntar por su estado de salud. El segundo caso es con su propio hijo, pues resultó que estudia en el colegio Juan Pablo II donde él es profesor. “Recuerdo que cuando me dieron salida me dijo: profe, mi hijo todos los días me decía que lo salvara, porque usted es un buen profesor y créame que yo estaba preocupado por su situación, pues si usted llegaba a fallecer yo no tendría cara para contarle a mi hijo”. Roberto suspira y admite no saber qué decir pues nunca pensó que sus estudiantes le tuvieran tanto cariño.

Cuando le iban a someter a la cuarta intubación el sacerdote lo visitó y alcanzó a escuchar al enfermero cuando le dijo: “Ya nosotros humana y medicamente hemos hecho todo lo posible por este paciente. Créame padre que hay que orar mucho porque si este paciente mañana amanece con vida, es un milagro y hay que darle muchas gracias a Dios”. Fueron 52 días hospitalizado de los cuales 38 estuvo en la UCI. De este tiempo el peor fue durante el proceso con la traqueotomía.

Al preguntársele sobre lo que sintió cuando vio que había ganado la batalla al covid-19, sonríe y dice: “En este aspecto fueron tantas las emociones, fíjate que, después de todo ese proceso, lo último que hicieron fue la traqueotomía. Cuando ya tenía cinco días de habérmela hecho la enfermera me dijo que iban a pasarme para una sala de cuidados intermedios donde iba a estar mejor”. El señor Roberto hace un esfuerzo por mantener el control sobre sus emociones y con voz más firme dice: “Yo recuerdo que cuando iba saliendo del hospital en la camilla, las enfermeras (desafortunadamente no pude grabar el video) me pusieron un papel en el pecho que decía: «Paciente recuperado de covid-19». Me hicieron una calle de honor y eso para mí fue una emoción muy grande, sinceramente yo nunca había sentido algo parecido, fue una mezcla de alegría por sentirme vivo, pero también de tristeza por muchos recuerdos vividos en ese lugar”. Roberto hace una pausa y continúa: “Cuando has estado en UCI te das cuenta de lo que sucede allí. Me percaté que médicos, enfermeros y demás personal del hospital, cuando pierden un paciente se entristecen (…) recuerdo muy bien que un día ingresaron a una niña y a una señora, ambas con covid-19, no recuerdo si fue la niña o la señora que falleció al momento de hacerle una transfusión. Los médicos lloraron como si hubieran perdido a un familiar”.

Roberto tiene un recuerdo de ese mismo día. Él estaba en recuperación intermedia cuando le dijeron que tenía una visita. En ese momento creía que estaba en Sahagún, pero al salir de la sala vio por la ventana el Makro, fue en ese momento cuando se dio cuenta que estaba en Montería. Cuando se le pregunta cómo es que pensó que estaba en otra ciudad, dice que fue por los sueños que había tenido en el hospital. “Recuerdo que en uno de esos sueños yo estaba recuperado y me había venido para Chinú donde había hecho un sembrado de patilla y maracuyá, pero me había enfermado de gripa y el médico había decidió trasladarme para Sahagún”. Lo que Roberto nunca imaginó es que esos sueños fueran una especie de predicción. Más adelante se explica el porqué.

Se le preguntó al señor Roberto sobre lo que sintió cuando vio a su esposa de nuevo y sin pensarlo dijo: “El día que la vi fue el momento más emotivo para mí”. Le informaron que había llegado un familiar y cuando abrieron la puerta entró Luz Marcela, su esposa. “Fue como si hubiera visto un ángel. Te cuento que me sobraban ganas de abrazarla y besarla, pero era imposible por la convalecencia”.  Cuando llegó su esposa él le preguntó si acababa de llegar de Chinú, pero para su sorpresa se entera que ella nunca se ha ido de Montería y que había pasado a su lado los cincuenta y dos días con él. En ese momento fue una sorpresa pues pensaba que solo tenía quince días de estar hospitalizado.

Cuando llegó a su tierra llevaba puesta la camiseta del arcángel San Rafael del cual su familia es devota. Encontró a toda su familia con la misma camiseta. Le hicieron una calle de honor aplaudiendo y caminando entre globos blancos. “Te voy a comparar ese momento con las cosas que leo: es como si hubiera sido un súper héroe que llega después de haber enfrentado una batalla muy grande”.

Hasta el día de hoy está sufriendo las secuelas del covid-19. Tanto así que tardó seis meses en prescindir de las muletas. En abril del presente año pensaba que estaba recuperado, pero comenzó a sentirse cansado y agitado. Visitó al médico para una cita de control y para su sorpresa este lo trasladó de inmediato para Sahagún, tal como lo había soñado. Allí le realizaron varias pruebas de covid-19 pero todas arrojaron negativo, sin embargo, lo internaron en UCI porque encontraron una fibrosis pulmonar que debía ser tratada con medicamentos especiales. Así pasó diez días ganando una batalla más, como él mismo dice: “Dios les da las peores batallas a los mejores soldados”. En la actualidad espera que le practiquen una radiografía contrastada de alta resolución para que el neumólogo determine si va a quedar oxigeno-dependiente… mientras tanto debe usar inhaladores y seguir un tratamiento riguroso.

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Revisión Ortotipográfica y de Estilo: Joel Peñuela

3 comentarios en «Vida después del Covid-19: Roberto Domínguez»

  1. Daniela, su historia me conmovió hasta la lágrima.
    Gracias por recordarnos que somos solo un suspiro en el universo y simples seres mortales.
    ¡Felicitaciones!
    Saludos desde México.

  2. Felicitaciones Dani, está pandemia nos deja todos una gran enseñanza nos marca un antes y un después donde debemos valorar la vida y vivir la vida cada segundo con tanta intensidad como si fuera el último y ser agradecidos con Dios por todo lo que nos da. Y es una gran historia que tenemos para contarles a nuestros hijos y nietos.
    Dios te bendiga mucho te continúe bendiciendo con esa gran virtud que tienes.

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