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EL DEBER DEL POETA

Christopher Cástibar

 

Samaniego

Cuento las estrellas en esta fría madrugada,

ya no titilan alegres como antes, parecen susurrar distantes la impotencia.

Triste el aire frío trae lamentos distantes a estos oídos

que lejos de la tragedia se ponen atentos a lo que la noche lastimera le cuenta.

Disparos asesinos apagaron las luces juveniles

que en el alegre vivir se bebían el día en risas sin ser pretenciosos.

 

Lejos del bullicio ensordecedor de la maquinaria sanguinaria

arquitecta del poder, eran un Samaniego cotidiano, virgen e inocente.

Ahora sumergidos en el rojo de su bandera nacional,

en la cifra que abona rencores y en el titular citadino,

avivan un fuego que crece hiriente.

 

Un círculo vicioso de historias repetidas

con distintas máscaras y edades,

un ¿por qué? inconcluso, un ¿qué hacer? Miedoso

una indiferencia abismal en un país sin memoria.

Un Samaniego en la lista roja de tierras heridas

donde la parca inmisericorde dejo su rastro encapuchado

de plomo y tinieblas, una muerte no anunciada, traicionera.

 

 

Coca poetisa

Mastica la hoja para que este dolor se duerma y soportes la tiranía.

Que este sabor amargo alivie tus pesares y te dé fuerzas para seguir aguantando…

¡No! saborea su elixir para tener ánimos y luchar, basta de bajar la cabeza,

olvidar e ignorar y como bestias sumisas resistir el yugo.

Que sea la fuerza ancestral para redimir nuestra raza,

recuperar la dignidad usurpada desde Colón

y cortar de raíz su descendiente cíclope.

 

Basta de llorar y no hacer nada, basta de súplicas y sumisas peticiones.

Los insensatos avivan este fuego dormido con sus patrañas cínicas,

se desatará el incendio y de nuevo de las cenizas seguiremos.

Mastica la hoja y construye tus mañanas sobre las ruinas del maestro ayer.

Vuelve está tierra, cuna de vencedores.

 

¡Coca poetisa!, danos fuerzas para no seguir aguantando… y luchar.

 

 

El deber del poeta

La paz, parece hoy extinta,

porque no tiene razón de ser, si no es de todos.

No existe si aquí cómodo yo la tengo,

mientras que a otro se la arrebatan sin misericordia,

a veces por ideales que sustentan mi confort.

 

El deber del poeta, es sacar de la contrariedad humana,

la luz de su irónica tiniebla.

El renacer tras la parca.

El amanecer después de la tormentosa noche…

dar de beber esperanza a nuestra paradójica especie.

 

El deber del poeta es con las masas,

liberarlos de su esencia anestesiada.

Clamar lo indecible a los oídos sordos de los poderosos,

adorando la vida y el buen verbo en los otros,

antes que nuestro patético ego, efímero.

 

Hacer algo más que pretender ganar,

dar versos en pequeñas bondades

para cambiarle la vida a alguien… sin segundas intenciones.

Sembrar versos en algún lugar del mundo

para deleite de muchos o simplemente

para él que está frente al espejo.

 

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