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ENTRE RISAS Y RITUALES

Elizabeth Alejandra Castillo Martínez

 

“No es el final, es un nuevo comienzo”

 

En las noches de octubre, en México querido,

donde el viento susurra secretos compartidos,

se despierta el misticismo, el altar preparado,

con cempasúchiles y velas, un recuerdo consagrado.

 

Bajo el cielo estrellado, en la calma serena,

las almas visitan, una tradición llena.

Con calaveras de azúcar, sonrisas en dulce,

se ríen de la muerte, en la tradición que reluce.

 

La Catrina, elegante, de sombrero altivo,

se pasea entre flores, en un baile festivo.

«La Muerte,» ella dice, «no es el final querido,

es un nuevo comienzo, en lo eterno perdido.»

 

Con sahumerios y rezos, el altar se adorna,

con fotos y recuerdos, la memoria se torna.

Entre sombras y luces, se abre un portal,

donde los vivos y muertos bailan en el umbral.

 

Cempasúchil vibrante, naranja y amarillo,

como el sol que alumbra el camino sencillo.

Las velas parpadean, guiando el camino,

de las almas que regresan, en este divino destino.

 

Así, en la danza de lo etéreo y terrenal,

se celebra la vida, en el Día de Muertos esencial.

Bajo el cielo de México, donde la muerte es canción,

se teje el manto mágico de la eterna tradición.

 

 

Mañana

Cuando la tierra reclame mi cuerpo

cuando mis párpados no se abran más

cuando ya no puedas ver la luz de mis pupilas

que reflejaron siempre mi amor por ti.

 

Cuando ya no escuches mis noches de poesía

cuando ya no me veas sonreír,

nada importará ya

en vano trates de hablarme,

ya no podré contestarte,

no me presentes flores,

ya no podré maravillarme de sus colores,

ni siquiera me pongas música,

estaré escuchando la más hermosa.

 

Cuando el corazón de la tierra

reclame mi cuerpo…

 

No contemples un sepulcro inerte.

 

 

Entre risas y rituales

En la tierra de colores y misticismo,

donde el viento susurra historias de abismo,

resuena el eco de tradiciones ancestrales,

en el Día de Muertos, entre risas y rituales.

 

Caminan las almas en un danzón silencioso,

un puente entre mundos, vibrante y latente.

La flor de cempasúchil, su sendero ilumina,

naranja como el sol, como la vida divina.

 

Entre calacas que ríen, la Catrina se pasea,

mofándose de la muerte, que en sombras acecha.

Con vestido de gala, elegante y esbelta,

recuerda a todos que la muerte es una fiesta.

 

Las veladoras bailan con luz temblorosa,

testigos de historias, de amor y de prosa.

Las ofrendas se originan como puentes sutiles,

donde los seres queridos cruzan en sus exilios.

 

Calaveritas de azúcar endulzan la partida,

un dulce tributo a la vida compartida.

Los altares respiran recuerdos y cantos,

mientras las almas danzan en sus espantos.

 

En esta festividad, la muerte se abraza,

como parte esencial de la rica balanza.

No es tristeza, es celebración vibrante,

de aquellos que partieron, y seguimos adelante.

 

Así en México, entre sombras y colores,

se teje la trama de eternos amores.

El Día de Muertos, tradición sin par,

donde la muerte es vida, y nunca dejará de brillar.

 

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3 comentarios en «Entre risas y rituales»

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