MONOSILABOS, UN SILENCIO DISFRAZADO
«Conversar con monosílabos es como bailar con un fantasma:
uno se esfuerza por no pisar el vacío mientras el otro finge estar ahí».
Leo Petro
«¿Cómo estás?»,
le pregunté con la voz en la mano,
esperando más que un eco,
pero ella simplemente respondió «bien»,
eso me llegó como un portazo,
un silencio que se disculpa al cerrarse.
«¿Y tú?», devolvió,
con el tono de quien cumple un guion,
sin ganas, sin tiempo,
como una frase escrita en lápiz
que ni siquiera merece tinta.
«¿Hiciste algo hoy?», me atreví a insistir,
porque los valientes no se rinden a la primera,
aunque su frío «sí» me dejó frente a una puerta
que no supe cómo abrir,
o cómo cerrar.
Porque a esas alturas,
ya no sabía sí estaba dentro o afuera.
«¿Algo interesante?», arriesgué en el vacío,
pero ella «no» cayó como la sombra de un puente
que nadie cruzará.
Hay monosílabos que son puñales discretos,
dagas que se clavan sin ruido.
Dicen «te escucho»,
pero están incompletos,
son el arte de callar
usando palabras pequeñas.
Es un juego tramposo donde uno siempre pierde,
aunque no caiga del todo.
Y mírame aquí,
haciendo malabares con sus respuestas cortas,
soñando que sus monosílabos algún día
abran la calle y no la cierren.
Tal vez en su «sí» hay miedo al abismo
y en su «no», una guerra contra espejismos
que nunca dice en voz alta.
Tal vez sus palabras son jaulas,
cerraduras oxidadas,
y yo, como un idiota,
busco llaves que ni existen.
Así que me rindo sin ruido.
Me retiro despacio,
la dejo en su mundo
sin juicios, sin reproches.
Porque cuando decida hablar,
si alguna vez lo hace
aquí estaré,
con un «hola» que no se apaga.
Tu poesía es profundamente exquisita y sencilla, lo que hace que, particularmente, la disfrute.
¡Gracias por compartírnosla, Leonardo!
Saludos.