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SÍLABA CRECIENTE

Ángela Penagos

 

Conjuro a la primera palabra

¡La invoco!

Hermosa partícula
bajo mi creciente luna,
pequeño astro
-palabra primera-.
girando en su eje
a la luz del mediodía.

Se guarda
en antiguas cartillas
una sobre otra
en la rosa de los vientos.

Te conjuro.
Vienes a mi
en los pasos ancestrales,
en el dominio
seguro de las nubes
emparentada
con la flor
de los recuerdos.

 

 

Inquietud de las vocales

Las vocales son inquietas,
aparecen como el sol en el cielo
y en el rumor etéreo de los sueños.

El sonido repetido
a-e-i-o-u
está en mi memoria
como cometas
perdiéndose en la tarde.

Se desprenden,
me llevan con ellas
en el asombro de niña
y en los momentos de júbilo.

Al pasar la página
de la “Alegría de leer”,
la música fluye
por la a de alma
que atraviesa
el sendero de los ángeles
que jamás se tocan
con las alas.

 

 

Sílaba creciente

La palabra viaja de lado
en la pizarra acuática,
pasa redonda
ante nuestros ojos nublados.

Ella va y regresa
sin mentiras,
sin tardanza,
se queda estacionada
en cántaros de arcilla.

Crece
en la piel
como bandera
de fiesta
en la garganta.
Cae,
como pájaro herido
mientras doy de comer
a las palabras.

 

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