NO QUISE TOCARTE Y, SIN EMBARGO, EXISTO
Gastón Ernesto Ludueña
No puedo sostener mi tacto por más que estire la mano y por más que finja demencia y acerque mi hombro al tuyo, a pesar de los pocos milímetros de distancia. No llego a alcanzarte porque mi universo envejeció antes que el tuyo.
Cuando todos éramos uno solo, te consideraba una plaga. Te alejé con mis antibióticos y nos fuimos separando de a poco. No consideraba el dolor mutuo que esto conllevaría… a los dos. Y me arrepentí.
Millones de años después, volviste a hacerlo. Te aproximaste lo suficiente y pegaste tu nariz a la mía. Cuando tus ojos entraron en mis ojos y mis labios rozaron los tuyos, mis manos te empujaron lejos. No consideraba la tristeza que esto conllevaría… a los dos. Y me arrepentí.
Millones de años después, me abrazaste en un teatro de títeres y cansado por mi experiencia, me dejé llevar. Mi corazón reventó y una garra me tomó del brazo para arrojarme contra una pared y a vos te llevó lejos. El dolor en el pecho cuando los sentimientos colisionaron me asustó, y a la mañana desperté gritando sentado en el asiento trasero de un colectivo. Esa tarde vi que algo no andaba bien. En el camino de regreso a casa, el cielo se volvió rojo y el sol resignado se despidió de todos. El presagio me dolió, compré un bajo y me hice músico. Te escribí una canción en el bar de la terminal, mientras el espacio tiempo comenzaba a desgarrarse. Cada vez que te descubría espiándome por la ventana del bar, yo agachaba al cabeza y seguía escribiéndote canciones.
Pasaron demasiados años; mi bajo y yo volvíamos del centro. Mi mano izquierda sostenía el pasamanos y mi mano derecha, la que sostenía el bajo, sintió tu calor. Tu dedo trató de rozar el mío cuando el tejido se desgarró.
Mi universo muerto es un fantasma que contempla con envidia el nuevo espacio creciente donde vivís feliz y radiante.
Desde el borde exterior de un átomo te contemplo con desesperación, siendo feliz de carne, hueso y calor. Con nostalgia e impotencia te contemplo desde mi mundo eterno e invisible, estirando la mano a pocos milímetros, demasiado cerca para ser una ilusión. Pero no puedo tocarte, desde el vacío atómico repleto de electrones que no existen.
Te contemplo, desde el cero absoluto, encender la hornalla para calentar café, pero el calor no me llega. Te veo estirar la mano para alcanzar una taza y yo estiro la mía para tocarte, pero mi mano no llega, porque mi universo habita en la eternidad de una nube cargada de electrones que no existen.
Cuando abriste la hornalla para calentar tu último café y no encendiste la llama… cuando te dormiste sentada a la mesa, comprendí que pronto estarías conmigo, que por fin cantaría las canciones que te escribí… Hasta que dos garras te tomaron de la cintura y te llevaron lejos.
Ahora vago en mi universo atómico, tratando de agarrarme a cualquier electrón para que me lleve en su andar infinito de vuelta a vos, pero los eones pasan, los mundos se suceden y las cosas se repiten.
Desde mi nube de electrones que no existen te miro y te escribo canciones que nunca podrás oír.
Te contemplo viva desde el cero absoluto, una y otra vez, naciendo, siendo niña, adolescente y mujer, al ritmo de los universos, mientras yo, desde un átomo, contemplo a ese otro que te rechaza, que se tortura con tal de no poder acariciarte, que te compone canciones mientras vos lo espías por la ventana del bar de una terminal, que se esfuma para contemplarte desde un átomo imaginario, que te mira abrir el gas de la hornalla sin encenderla, para luego caer dormida, antes de que las garras infinitas te tomen de la cintura y te lleven lejos, para iniciar una nueva vida y así, una y otra vez, porque la eternidad que nos conforma es un dios que nos lastima en su estupidez de no saber que existimos.




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(Buenos Aires, 1974) Novelista y narrador. A los 30 años, comenzó sus primeras incursiones en la escritura. En el año 2003 fue diagramador y corrector en la Editorial Letra Viva en CABA. En el año 2008 se radicó a Miramar, realizó trabajos de diagramador en el desaparecido diario Crónica de esa ciudad. Actualmente, continúa sus trabajos de corrector, vía online, y tiene una participación en la antología Introspecciones en la punta del lápiz realizada por seis miembros de Artenpie, además de otras actividades relacionadas con la literatura.


Escrito extraño, incómodo y existencial. Me gustó que no pretende agradar, más bien decir algo desde un lugar difícil. Tiene voz propia. Eso se agradece.