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LA ESCENA DEL CRIMEN

Anushka Tereshkova


Una cinta amarilla encerraba, como la caja de un regalo, todo lo importante, todo lo inviolable, todo lo que quedaba de un amor infructuoso.

Un cabello diría que fuiste tú. Una gota de sangre diría que fuiste tú.

Un corazón rasgado gritaba tu nombre, aunque ya no latía.

El crimen estaba allí, servido como sobre una mesa. Una cinta amarilla protegía todo aquello que debía incriminarte: La perfecta escena del crimen.

Además, estaba tu olor, tu saliva, tu impronta, vestigios de palabras, ruedos de ropas, descosidos, uñas rasgadas en las sábanas blancas, llenas de hilos de la luz que entraba por ese ventanuco mágico que todo lo ponía en evidencia.

Una perfecta escena del crimen, delante de todos los ojos expectantes, denunciando que el corazón ya no latía por ti. El crimen. La evidencia.

Alguien debía unir las piezas y atraparte. Todo estaba allí, denunciándote. Pagarás.

Y tu cárcel será buscarme en los destellos de luces cuando la luna bañe otra cara, cuando el pasto se aplaste bajo otro cuerpo en el campo, cuando el pastel del día favorito se desarme en tu boca, cuando leas un poema de Pessoa o te pongas a pesoar sin mí.

Pagarás con creces el no tenerme alrededor y solo dentro de ti. Pagarás con una cadena perpetua cuando veas correr niños ajenos que podrían haber sido nuestros. Pagarás al soñar solo en una cama de heno, con aroma a heno y a nosotros dos.

La sentencia no dirá nada, pero tú sabes que dirá que ya no habrá nosotros dos. No hay peor sentencia que saber que ya no…

Y te pondrán grillos pesados, incómodos, que han de lastimar tus pies descalzos, esos que alguna vez corrieron por la arena blanca conmigo. Y conmigo ya no será.

Una cinta amarilla que alguna vez guardó en una caja un rizo, un papel amarillo con besos, un anillo, tal vez unos pétalos de aquel rosal que veía cómo robabas rosas para mí, ahora encierra la escena del crimen.

Ahora guarda un corazón roto, un cabello, unas gotas de tu sangre, y un aroma a muerte se cierne en una habitación bañada por los rayos de sol sobre la cama, evidenciando que fuiste tú y que yo ya no soy.

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