Dedicado a todas aquellas desdichadas condenadas a llevar en silencio el color negro. Negro no por la ropa ni por el desaliñado rastro en su cabello y rostro, sino por el negro que avasalla su alma para jamás abandonar la tierra fértil del amor perdido de un modo repentino y violento.
SIN TI
Primera noche sin ti; sabe a infierno.
Te he invocado fervientemente miles de veces, como la mística que implora el milagro del consuelo redentor.
Cierro mis ojos y los aprieto con fuerza, ambicionando que, en los primeros instantes de borrosa lucidez tras abrirlos de nuevo, pudiera reconstruir tu silueta, ya no imaginaria, sino palpable, de carne y hueso.
Llevo puesta tu camiseta favorita, aquella que, si pudiera hablar, dejaría al mundo atónito y boquiabierto por todo lo que ha visto y vivido en sus propios hilos cuando la pasión avasallaba sin previo aviso en los momentos y lugares más insospechados, ya para siempre firmados por nuestra mutua adoración y pimpante amor.
Aún percibo tu olor adoquinado en cada milímetro de nuestro espacio sagrado.
Aún siento tu calor envolvente en «nuestra» camiseta y en las sábanas ovilladas entre mis piernas.
Aún oigo tu susurro alojado en mis oídos y en la sedosa tela de la almohada.
Aún advierto el hálito de tu respirar suave y profundo, venteando mi cabello.
Aún me estremezco rememorando nuestros amorosos rituales pasionales, a los que Afrodita y Ares tan solo podrían envidiar y lamentarse, desdichados, por no haber nacido de la carne y de la sangre de una mortal humana.
Tu recuerdo y tu huella en mis cinco sentidos son tan intensos que todavía me erizan en una catarsis ardua y flagrante.
Sin embargo, el dolor y el desconsuelo al pensarte allí, lejos, rodeado de soldados, pero solo y abandonado a un destino que aborrezco, hacen que mi aliento desfallezca y me mutilen imperiosamente.
Este pensamiento amputa ilusiones y sueños de una larga vida a tu lado. Desgaja mis esperanzas para exprimir sus zumos y dejar solo una piel áspera y rota, tan deteriorada, basura orgánica predestinada a descomponerse lenta pero inequívocamente.
Quisiera convertirme en un escudo de diamante con el que poder proteger tu cuerpo, magullado por cicatrices que ya no puedo curar a besos ni con caricias sosegadas.
Quisiera envolverte con mi amor, cual capa de acero inquebrantable para los balazos, porque tu materia es mi templo sacrosanto, que salvaguarda la supervivencia y el gozo de mi espíritu y de mi alma, que tanto ansía fundirse en tu sangre para así nunca más tener que volver a abandonarte.
Me pregunto si estarás luchando en campo abierto o entre escombros de ladrillo y hormigón, materiales constructivos del egoísmo y del endiosamiento de quien salió del polvo para volver un día, sin nada, a la tierra que le dio cobijo y alimento.
Terminará la guerra; ninguna vileza dura eternamente. Tan solo deseo que este día tan codiciado se vuelva realidad tangible mientras tu corazón aún palpite. Porque tu fin sería mi segura condena a muerte. Una muerte anunciada con tiempo, que irá paralizando mi función vital de modo moroso pero indubitable, deseado, incontrovertible e impepinable.
No aguanto tanto dolor de extrañarte perdidamente. Necesito ahogar la falta de aire en una copa de vino tinto añejo mientras escucho por enésima vez nuestra canción, que tantos otros recuerdos ha aprisionado también. Mi fiel confesora, Sinéad O’Connor, la única que me acompaña en esta dura batalla de volver a una cotidianidad emponzoñada por el lento paso del tiempo porque, desde luego, soldado mío,
“Nothing compares 2 U”
Si, muy emotivo. Si, toda persona es única e incomparable. Felicitaciones.
Las emociones me invaden, como si fuera mi desesperanza, desde donde se escribieron estas líneas. Gracias por compartir, un abrazo. 😘😘