POESÍA PANFLETO

Roberto Enríquez Izquierdo

 

ME DI CUENTA DE LA VIDA

Miré el tiempo generoso del minuto

y me di cuenta de la vida

que una tarde cuesta días,

que un día cuesta años…

 

Lesionado por el tiempo grande

equinamente en mi espinazo

rechinó mi otoñal melancolía.

Henchido de varias décadas

con palabras fatigadas

clamé con granos de voz:

¡Sacad de mí a los filósofos!

¡No más sabios jorobados!

¡No más normas ni etiquetas!

No quiero morir bajamente

con un pensamiento geométrico

ni con lo más grande y fétido

que mi perro creó bajo la cola.

 

Deseo un pedazo de noche a mi sueño,

bajar al pozo del olvido,

tejer en el telar de lo invisible,

y llamar a mi tierra, terrenalmente.

 

En mi esposa tumba,

abrazado con mis brazos

comer gusanos hembras,

gusanos machos

y gusanos muertos;

ser un buen muerto entre los muertos

después de haber sido

un buen vivo entre los vivos

y darme cuenta que viví de nada

para morir de todo.

 

 

LO QUE PIENSAN DE MÍ

LOS QUE PIENSAN

Lamen mi costumbre los leones

¡Triste envidia!

Y las hienas muerden mi nombre

¡Cruel complejo!

Buscan acabarme en frío incendio

¡Lengua larga!

Y mueren las cuerdas en mi guitarra

¡Qué tristeza!

 

Triquiñuelas adoradas

¡No hay amigos!

Solo honor para las cosas auditivas

¡Qué calumnias!

Llegan a mí a enflaquecerme

¡Tácitos, esdrújulos!

Y se agota mi torrente de esperanza

¡Qué tristeza!

 

Me maldicen por salir de aquel vientre

¡Qué madrazos!

Se sientan a centímetros de mi alma

¡Madre hipocresía!

Montados en su asno me hacen pedazos

¡Hipótesis lejanas!

Y pierde mi cuerpo su armonía

¡Qué tristeza!

 

Me brindan una piedra para sentarme

¡Qué miseria!

Me dedican un día hecho en un minuto

¡Padre egoísmo!

Buscan me llueva soledad

¡Hermana tumba!

Y mis sueños mueren junto a mi cuerpo

¡Madre mía!

 

 

DESDE LA CÚSPIDE

Ayudas a reír al que sonríe.

Repercutes en jefe, aún subordinado

porque a medio abrir tus ojos estudiaron,

comprendiendo sin esfuerzo

que el hombre piensa que piensa.

 

Como queriendo llorar

miras tras de un lente

tus diplomas y medallas,

que certifican que antes eras nada.

¡Mamífero! encogido tras de un verso.

 

Sientes placer por tener tantas amadas,

por valer tantas enciclopedias

y por asistir los domingos a la misa.

El sábado pagas un mísero salario

y despachas empleados a escupitajos.

 

Te haces de protagonista a rey,

construyes imperios de lobos abrazados;

guitarra con dos bocas y diez cuerdas.

sudas, aniquilas y luego cantas,

te bañas, te peinas, comes, ayunas,

Y te crees llave para todas las puertas.

 

Finalmente, te das con tu orgullo en la cabeza

y no hay quien te acompañe en tu tumba

solo el denso crepitar de una campana.

Ya no eres juez, solo gusanos

antropoide de gracia caballar inerte,

confundieron tus hazañas con tu llanto.

 

 

EL DOLOR

 

Todo está alegre menos mi alegría.

Quiero expresarme frondoso de felicidad,

pero el dolor me impide,

está creciendo en mí continuamente,

lo siento en mi camisa, en mi cartera,

en la matemática, en mi pecho

y en el fuego del amor

que juegan su rol de frío muerto.

 

He olvidado por mis lágrimas mis ojos

y por el hambre mis intestinos.

Siento dolor de zurdazo de hembra

porque no hay cariño sin dolor

ni caricia sin tristeza.

Hay lágrimas remachadas en mis pómulos,

mejor sería morir de vida y no de muerte.

 

Así es, el dolor avanza

como una máquina a toda máquina.

Miro el agua huyendo

y siento sed de sed, ¡qué dolor!

Duele conocer buenos amigos, cruel falacia,

duele comer de memoria buena carne

y un dolor profundo por mis caballísimas ideas

porque me siento inmensamente bruto a cántaros.

 

Hay dolor por la plata que se esfuma

porque siempre el hombre triste tose

su abundante nostalgia hacia fuera,

larvas que su corazón cuenta por unidades

en sus momentos ávidos de alegría,

alegría que enviudó de su corazón,

corazón que enviudó de su alegría.

 

 

SUERTE DE MARTILLO

 

Alguien sacudió su personalidad en tu alma

y ¡Te duele!

Te dieron un martillazo en tu costumbre,

¡estás triste!

Te duele la dicha, te duele el placer

porque siempre regalaste un pañuelo

al que no puede llorar.

 

Te duele, te dieron un martillazo

en tu mejilla norte

y te duele; también, tu mejilla sur.

Te duele la plata, también el oro

porque siempre quisiste

ser rico entre los pobres.

Te dieron un martillazo, en tu punta,

saliendo de escuchar tu alma,

¡qué misa!

Y te duelen tus tímpanos sordísimos,

te duele tu oración en prosa y tus llanas lágrimas

porque siempre ordenaste desde la cúspide.

Hoy te dieron un martillazo

en tu cabeza cóncava,

donde guardas tus ayunos.

Te duele tu alta perfección de cerdo,

te duele ser sensato y caballísimo,

como también te duele la ubre del egoísmo

porque buscaste llenar de pecho tu corazón.

 

 

VIVIR LLORANDO, MORIR LLORANDO

 

He regresado de mi oscuridad de madera

donde viví mis propios golpes de ciego.

Buscando el camino a tropezones

partí humildemente a la fortuna,

tomando la dirección hacia el olvido.

Mis pobres ojos con mirar enflaquecido

de tanto vivir llorando y llorar viviendo,

de morir llorando y llorar muriendo;

saborearon el fruto que dejó la muerte

para reír de lo poco que habían reído.

 

Apareció un instante de muerta primavera

poblado de fantasmas en murmullos,

y entre noches de nostálgica música,

entre sombras en negro terciopelo

se juntaron todas mis lágrimas,

para llorar por tanto haber llorado.

 

Descubrí el secreto de la voz oculta

dormida por la voz de un hada,

quise sentirla en singular,

escucharla en plural

y ser caminante de sus palabras…

No encontré el verso que lo exprese

para que todos pudiesen comprenderme.

 

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