PERFUMES DE LA SELVA

Abel Rivera García

 

YO SI VUELVO A CAPRI

Aun cuando fue un paso fugaz de turista,
imperecedero me ha de ser tu festivo ambiente,
¡Oh! ¡Gema de la Campania italiana!
¡Ínsula encantada que coronas el golfo de Nápoles!
Inolvidable lar de ensueños y encantos.
Te ves siempre despierta y muy festiva.
De callecitas empedradas y bellos jardines
de dalias, palmeras, petunias, pinos, cipreses,
y bellas buganvillas de inflorescencias multicolores.

Desde la rada de Marina Grande
hasta las atalayas de Anacapri,
bien pareces una gran colmena de oro
donde la “dulce vita” se impone.
Con tres copas de tu espirituoso “limoncello”
paréceme que hasta las rocas y los riscos
te cantan bellas arias napolitanas.

De las urbes bellas del mundo,
eres un hito que haces del vivir:
algo exquisito, algo habitual, nada fortuito.
No son tus playas ni tus riscos
ni tus abruptos farallones,
ni tus fantásticos acantilados albos,
los que marcan tu singular belleza:
es la eterna fiesta internacional
en que pareces tan inmersa,
más la danza que ejecutan tus residentes,
turistas y viajeros caminantes;
y el gozo social, la alegría que trasciende las tabernas;
tu mar azul, tus playas de gravas coloridas
y el desparpajo de las bellas bañistas.
¡Yo si vuelvo a Capri!

 

 

 

CACIQUE CUCHASIQUE

Yace el cacique en decúbito dorsal,
bajo el ardiente sol en la calzada,
la herrumbre y el orín debilitaron
el pedestal de su vieja estatua,
de identidad deliberadamente ignorada.

Cacique Cuchasique fue su nombre,
del poblado llamado Jeriboca;
aguerrido adalid inquebrantable
icono de honor, valor y resistencia
contra el imperio español de los Borbones.

El húmedo vendaval salino del estío
y las lluvias que hacen laguna la rotonda,
han de ser las causas del desastre
que debilitó el apoyo de sus plantas.

De nada basto su cuerpo musculoso
para caer en aparatoso rictus.
En vano esconde tras sus palmas
sus ojos negros apenas entreabiertos
que el sol directo lacera sin clemencia.

El Morro, su ancestral lugar de pagamento,
escuchó dolido sus gritos y lamentos,
deplorando la dejadez y ruina de esta urbe,
que no estima su historia, tradición y sus valores
por rendirse dócil y sumisa a los truhanes.
¡Levántate ya, cacique Cuchasique!
¡No es digno de ti la postración ni el miedo!
Tu gloria y tu valor han sido legendarios,
y jamás la historia mantuvo en entredicho,
la valerosa gesta que en tu tiempo hiciste
contra el español malvado y despiadado
que tus tierras y gentes expoliaban.


¡Levántate ya, cacique valeroso!
¡Con aires de guerra y de rescate!
De Mamatoco vienen tus huestes en ayuda,
y de Masinga y Bonda acuden presurosos,
con sus flechas y lanzas aguzadas
que por siglos guardaron en sus almas
para vengar la afrenta del tirano.

 

 

BAJO LA TORRE EIFFEL

Sentado sobre la base de la Torre Eiffel
mujeres de mil razas veo a mi alrededor.
¡Hermoso cuadro del divino pincel!
¡Maravilloso pintor es El Creador!

Con yines, velos, pañoletas y turbantes,
diversidad que Dios nos quiso ofrecer
y mostrar airosas con flores por doquier,
cual multicolor jardín, edénico y fascinante.

Un contoneo de caderas, un alegre saltito
un coqueto parpadeo y una sonora risa,
en esa ensoñación absorto gravito,
cuando el fresco de la primaveral brisa
me levanta del sueño en que dormito,
y justo la guía turística nos grita: ¡daos prisa!

 

 

SI TE MARCHAS

¡Vaya! ¡Como cambian los vientos!
Si fue ayer que nos amamos
y tan dulce nos besamos;
todo en tan breve tiempo.

¿Por qué así, tan de improviso,
para siempre te has marchado?
¿Y de qué vale el compromiso,
de un amor que pro indiviso,
yo por siempre te he entregado?

¿Dime, como yo he de vivir,
si no siento de tus labios
lo que fue una dulce miel
que libaba sin resabios?
Si eras de mis poemas aliento,
mi musa y aun mi sustento migró.

¿Como impulsar mi bajel
por los mares tormentosos
a los que me enfrento hoy
sin tu fanal luminoso?
¡Triste ruta en la que voy!

 

 

 

TU Y MI POESÍA


Hoy cuando me veo tan feliz, mi bella,
debo mirar abajo y reconocer,
todo lo grande que es Dios,
y “la altura” que nos ha dado
para agradecer su obra.


Ante la inaceptable soledad,
he podido conocerme bien
para adorarte como a más nadie;
y con solo pensarte, se esfuman
los insanos pensamientos
que asaltan mi tranquilidad.


Mis bálsamos han sido tú y la poesía.
Por ti, no siento las espinas de las rosas
que aquella ingrata mujer me dejó,
y por la que llegue a creer
que siempre tienen espinas
las flores más hermosas.

Cuando estás conmigo, cariño mío,
recobro mi alegría y mi balance de afectos;
el sol muestra en arrebol sus mejores galas
y viste de colores mi árbol de emociones.

 

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