SILVANA

Jorge Parodi Quiroga

 

I

Sublime luz que bravía y tierna un día

Atravesó el umbral do mi existencia triste

Lacerada yacía en la orfandad nefanda

De la soledad infinita que cruel y despiadada a mi vida abatía

II

Irrumpiste altiva, imponente y bella

Iluminándolo todo con tu sonrisa alegre

Y en el travieso sortilegio de tu cabello que enmaraña

Se enredó mi razón y fui libre por siempre

III

La grácil cadencia de tu voz apacible y bondadosa

Sedujo mis sentidos, encendió la llama

Y cuando en susurro mi nombre de tu boca escapaba

El torrente en mis venas en tropel desbocaba

IV

Visión que quimera alguna vez fuiste

En realidad y alegría te tornaste en mi mundo

                     No eres más la utopía que en mi corazón viviste

Eres calma y exceso, eres cielo profundo

V

Acercar los sentidos, sentir los latidos, tomar un café

Jugar a ser amigos, compartir ideales, seducir la razón

Las risas de los lunes, las llamadas de los jueves, las miradas los domingos

Hasta que juzgamos insoportables los días sin los dos

VI

Naufragaste en el océano azul tortuoso de mis desesperanzas

  Empero, en la entrega de tu amor, tus cuidados y tus ansias

Trajiste sosiego, ilusión, ternura y calma

Y murieron la tristeza, la soledad y la orfandad nefanda

VII

Aquella noche que me entregaste en una palabra el alma

Fue feliz, pero no la más feliz de las noches vividas

La más feliz es esta noche que despierto contemplo extasiado y sin medida

Como todas las noches los últimos diez años de mi vida

Tu cabeza en mi almohada, posada, serena y altiva

 

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