MARIMBA

Johana Campos

 

Él…

Él es un poema difícil de leer.

Él es el pecado que no condena.

Él es la carta que nadie escribe.

Él es agua que no calma la sed.

Él es una canción.

Una melodía rebelde que se resiste a caminar

en el pentagrama con el traje de una nota.

Él es el sol del desierto dispuesto a encender

el fuego en la hierba seca de mi piel.

Él es mío a ratos.

Él es la noche.

Él es el día.

Él es un año bisiesto.

Él es la poción mágica de alguna hechicera,

hecha con ojos dulces, piel de terciopelo

y gotas desmedidas de pasión.

Él es el sueño de la madrugada.

Él es todo y a la vez nada

Él es mi ocaso, mi luna llena

Él es todo lo que amo y

todo lo que amaré.

 

 

Momento

Un rompecabezas, eso fue.

Un juego de tantos que trae la vida.

Cada ficha encajó perfectamente

y los jugadores ignoraban que hacían parte de él.

El destino se disipaba entre las tazas de café y las letras

y la oscuridad y la música eran los mejores cómplices.

Presos del oficio suplicaban en silencio

para que las miradas tímidas fueran obviadas.

Noche eterna que en una de sus partidas jugaba con los dos.

Víctimas de la suerte que en su ruleta incierta

trajo consigo un beso y después muchos más.

Lluvia matutina y labios húmedos,

los perfectos protagonistas de la historia que no se ha escrito.

Historia que le hacía falta al corazón para sentir que aún latía.

Es incierta su suerte y aunque nunca vuelvan a jugar

se sintieron ganadores esa noche.

 

 

Marimba

Escuchaba la marimba y sentía la brisa del océano que no conozco.

Sentía mi corazón desenfrenado al compás del tambor.

Sentía el ritmo del fuego en mis caderas que quizá

en vidas pasadas fueron de negra.

Imaginé la luna reflejada en el mar y en mis pupilas.

Sentía la sangre palpitante en mis venas.

Temblaban mis manos enredándose en tu cuello

mientras nuestros cuerpos vibraban con las notas refundidas en el viento.

Sentía mis pies cubiertos de arena haciéndose punta buscando tu boca.

¡No era la marimba!

¡Eras tú!

Yo tenía los instrumentos, la leña seca, la arena, el mar, la luna, la brisa;

Pero llegaste tu y me trajiste todo.

Me trajiste la melodía, el fuego,

tus huellas en la arena junto a las mías,

la luz de la luna en el mar y el aroma de una brisa infinita.

¡No es la marimba!

Es quien trae la magia de sentir cada nota en el corazón

y la hace suya para siempre.

O bueno, por el tiempo que quiera que dure su canción.

 

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