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SAKURA

Veli Bogoeva

La mañana volvía a amanecer gélida a pesar de los 16 grados que marcaba el termómetro exterior. Se levantó sin apartar la vista de los halos de luz cegadores, exiliándose del mundo que la rodeaba como solía hacer en cada albor.

Ansiaba la única caricia candente que obtenía a diaro del sinfin de semanas angustiosas. Semanas que se tornaban en meses y en años bochornosos ya que la escarcha de la soledad, embebida en su piel, agrietaba su alma cual fuego a lumbre mansa.

Ducha rápida, miradas vacuas, alarmas molestas, sonrisas desiertas, cafés amargos, promesas fútiles, vaivenes incesantes, conversaciones frívolas, comidas insípidas, palabras vacías, movimientos autómatas, reuniones interminables, risas burlonas, mensajes codificados…Todo esto rodaría hoy también. Y es que la sombra de la cotidianidad ceñía su espíritu hasta tal punto que la dejaba reducida a cenizas cada anochecer.

Algo inesperado atrajo su atención. Los pétalos de la flor de los cerezos de la callejuela ya empezaban a colorear. La sangre de los samuráis, esta bella leyenda japonesa que aún recordaba, se impregnaba en la corola de esta bella pero efímera flor primaveral. De hecho, acabó amando este color esponjoso y apetitoso, idéntico a las nubes de azúcar de su infancia, cuando se percató por primera vez de la delicadeza de esta florecilla de vida exigua de apenas unos pocos días escasos. La belleza definitivamente es efímera, pensaba. Y, sin embargo, aún así envidiaba este regalo otorgado a otras representantes del género femenino, y que no entendía por qué le fue vedado a ella. Un deseo implacable la poseyó imperiosamente de golpe. Quiso sentirse bella, deseada, necesitada, anhelada, codiciada, adorada, pretendida, cortejada, seducida, conquistada, implorada, venerada… amada… Nunca la habían querido, pero ella suplicaba mucho más que esto, quería vivirse amada… Amada con locura, con ternura, con avaricia incontrolada, con hambre insaciable… amada con las miradas, con las manos, con los labios, con las palabras, con las sonrisas, con los suspiros, con los silencios… Durara lo que durara… aunque fuese tan solo la infinidad de un solo susurro.

La celeridad de las emociones barbullantes nublaron su razón y ella marcó aquel número impuesto que se había aprendido de memoria sin esfuerzo alguno.

—Diga, aquí…

—Dos docenas de la variedad “Movie star” a entregar en la calle “Cerezos” Nº 7, planta 13, piso A, a partir de las 6 de esta tarde. Pagaré usando el método “confidencial” que ofrecéis en vuestro folleto. En asunto apuntaré solo “World Movie Star”, que en la tarjeta personalizada ponga “Yo sí te amo” —espetó interrumpiendo el largo monólogo de presentación de la floristería que se conocía al dedillo por las veces que tuvo que tragárselo haciendo el trabajo sucio del jefe.

Un mujeriego empedernido que usaba las mismas armas para sus trapicheos de seducción que para pedirle perdón por los días de ausencia a la desgraciada que un día le dijo que sí y se puso el anillo al dedo como el suicida se mete la soga al cuello.

El subidón de verse rodeada por aquella majestuosa flor, leyendo su propia declaración amorosa, le duró menos que el olor dulce que se agarraba asiduamente a su piso minúsculo de una sola estancia y que recordaba más a una jaula de cristal que a un lugar digno de ser calificado como hogar.

La adrenalina, aunque breve fue adictiva, así que la tarde siguiente las docenas llegaron multiplicadas por dos. Aquella pauta de multiplicación duró hasta que el sueldo de la joven muchacha se pulió en nada más que en una semana. Con cada pedido nuevo el tipo de rosa también varió. Tras la “Movie star” llegó la “High and Magic”, “Blush”, “Malibu”, “Circus”, “Shocking Versilia” para despedirse a lo grande con la “Cool water”.

Aquella mañana amanecía un poco menos gélida de lo habitual a pesar de los 10 grados que marcaba el termómetro exterior. El piso recordaba al paraíso perdido, tanto por la belleza exuberante asomando por cada poro de aquel espacio como por la fragancia que elevaba el espíritu a otras dimensiones. La muchacha de cabello de color regaliz, se negaba a retirar las rosas sucumbidas en la utopía enloquecida de atrapar al amor de esta forma nada menos que extravagante y alocada. Pero el timbre que perdía su mudez solamente cuando afluía su retahíla de amor propio en olores y colores diferentes, alzó su voz aguda desgarrando la paz del habitáculo. Unas rosas “Proud” del tinte de la seda virgen inundaron el espacio. La regla de multiplicación no se había alterado ni en lo más mínimo. No había nota, al igual que los últimos seis días de aquella semana que la dejó sin blanca.

Pensó que sería un error y que volverían a buscar las flores cuando el banco denegara el cobro, pero a la mañana siguiente, más rosas multiplicadas por dos la abrazaron a la entrada. Tras la “Proud” vino la “DejaVu” seguida por la “Hot Merengue”, la “Sweet Dolomiti”, la “Topaz”, la ”Cherry Brandy”, la “Sweetness”, la “Esperance” y la “Engagement”.

La mañana amanecía calurosa a pesar de los 4 grados que marcaba el termómetro exterior. La joven de ojos felinos y cara pecosa dudaba de su cordura. Las rosas no dejaban de multiplicarse mágicamente y a pesar de haber cobrado el sueldo del mes corriente, nadie llamaba para reclamarle un ingreso por aquel colorido festín. El grito del timbre rasgo el espacio de nuevo. Se veían montañas de “Hot Paris” desbordando por las cavidades de aquel esqueleto gris llamado bloque de pisos. Una nota se escurrió en sus manos. Su corazón parecía un volcán en erupción. Una corriente eléctrica desconocida recorría rabiosamente las líneas de alta tensión de su cuerpo diminuto  lleno de pasión. Las manos le temblaban. Necesitaba luz para leer, así que se acercó al único ventanal de su casa y que daba a otro ventanal idéntico al edificio de enfrente, otro tanto de los muchos que pululan por la geografía de las grandes ciudades. Edificaciones de gris carcelario y de pisos incontables apilados cual cajas vacías y desechadas en un supermercado. Ella abrió ávidamente el ambarino papel doblado y se dispuso a devorar cada palabra.

Eres mucho más que una “Movie star”

Eres una deidad

Eres el más intenso “Deja vu” que ansío aprisionar.

Mi “Topaz” contra la soledad.

Mi pasión más tórrida y amordazada

que ni la “Cool water” de cada mañana es capaz de aliviar.

Vivo con mi “Esperance”

de llevarte un día a “Malibú”

Y teniéndote allí entre mis brazos,

probar de tu boca un “Cherry Brandy” o un vermú.

Subirme contigo a la torre esbelta y “Hot” de “Paris”

para saborear al lado de tu sonrisa, mi amor, mi “Sweetness”,

el dulce “Hot Merengue” de tu piel al que soy el más ferviente feligrés.

Soy un “Circus” por haber huido todo este tiempo

de este sentimiento que me escalda.

Pero solo de vislumbrarte por la mañana

e imaginarte mía

mi corazón bombea “Blush” a mis mejillas

y atraviesa de dolor mis costillas.

Y es que las lágrimas fluyentes cual ríos que distingo en tus ojos

en tu intimidad más preciada

impactan en mi ser más que el “Shocking Versilia” de la Toscana Italiana.

Ya no sé cómo aplacar este sufrimiento “High and Magic”

Las espinas de las bellas rosas que te llegaban cada día

durante aquella semana

en la que otro te adoraba

se clavaban en mi corazón

hasta derrumbar todos los muros que la razón

en la perdición de mi cordura

levantaba.

No soy “Proud” de mi silencio durante todas estas semanas.

Semanas que se tornaron meses deseando y soñando

no tan solo una tarde o una mañana compartida a tu lado,

sino un “engagement” que dure lo que la felicidad tan deseada

rescate con abrazos de fuego

de nuestras almas ahogadas.

Eres la “Sweet Dolomiti” que sueño incesantemente

sea posible llegar a llenar de su fragancia y de su belleza mi estancia,

ya que ya se ha adueñando de mi alma y lucidez.

Los suspiros que desnudo ante ti

son de un chico que no posee más que

palabras, brazos, besos, sonrisas y silencios en propiedad

pero para el que

 tú

eres

la brisa refrescante y anhelada de un bochornoso y asfixiante día estival.

FIRMADO

Te ama perdidamente

el mono loco

de la jaula de cristal

de enfrente.

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4 comentarios en «Sakura»

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