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LA EMOCIÓN DE UNA BOTELLA

Roberto Enríquez Izquierdo

El pájaro llorador

Es un pájaro que llora durante el día y en las noches oscuras. ¿Siente soledad?, ¿su compañera ha viajado lejos de su nido? ¿Y solo le ha dejado la luna por farol, para que ilumine sus noches? Las demás aves piensan que está triste con hambre y con frío; también, que siente miedo cuando los lobos aúllan convocando a la manada para emprender la cacería. Sin embargo, él sabe que ellos viven como hermanos, siempre juntos y él, en la soledad. Sabe que no hay compañera que tolere su canto de aparente melancolía. ¿Era su naturaleza, cantar en el día y cantar en la noche? ¿Acaso no duerme?, ¿el pájaro se hizo jaula?, ¿llora por su libertad? Con seguridad, busca embriagar con su melodía, al oyente hasta que logre creer que su canto es de alegría.

Cosas extrañas

Era fin de mes y el contador de una empresa no había terminado su informe. Apretaba las piernas, debía salir a orinar. Al regreso se encontró una esbelta dama que al pasar frente a un espejo no se miraba su figura. ¡Qué raro! Pensó el contador. Llegó a su oficina y había olvidado la llave de la puerta; también, quedaron dentro: la llave del apartamento, su celular y la llave de su auto. Se quedó pasmado. ¡Qué hacemos!, exclamó. La dama dijo: Yo me voy a descansar y atravesó, sin dificultad, la puerta de la oficina del contador. Enseguida, el contador miró como la puerta de su oficina se abrió; sin embargo, no se veía la esbelta dama, ¡había desaparecido!

La emoción de una botella

Dionicio tenía en su casa un pequeño bar personal y en él había acumulado toda clase de bebidas. Siempre que llegaba del trabajo, tomaba su trago de alguna de las bebidas; sin embargo, la botella de Vodka le sonreía y le coqueteaba, pero Dionicio no se daba por entendido, seguramente no le gustaba el Vodka o la botella no era muy atractiva; ella por su parte se sentía triste.

Cada vez que llegaba Dionicio al bar, la botella de Vodka se emocionaba y se codeaba con las demás botellas expresándoles: ¡Ahora si es mi turno!, y siempre sucedía lo mismo. La botella de Vodka conservaba su tapa herméticamente cerrada.

Una noche, Dionicio llegó a su casa embriagado y lo primero que hizo fue prender su equipo de sonido y colocar, a todo volumen, su música. Luego, revisó las bebidas de su bar, la botella de Vodka relucía en su cristal y se movía al son de la música, ¡hoy es mi noche!, imaginaba. Dionicio la miró y pensó en consumirla, se veía emocionada, brillaba de alegría; estaba convencida que ¡al fin! sería combinada con un jugo de naranja como ella había soñado y que, al mismo tiempo, llegaría a un abrigado estómago. Dionicio tomó la jarra de jugo, un vaso para realizar la mezcla y la alegre botella. Las manos de Dionicio estaban torpes por el exceso de alcohol; entonces, ¡sucedió lo inesperado!, la botella de Vodka se deslizó entre los dedos y cayó al piso fragmentándose en miles de pedazos.

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