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TRAVESÍA ROSADA

Juan Manuel Gómez

En la Ciénaga de Los Olivitos en Venezuela, sobre un nido de barro hecho por flamencos rosados, salió del cascarón una cría, después de muchos días estar incubándose, tenía el plumaje blanco y sus padres lo llamaron Tokoko, un macho que debía ser muy bien alimentado para que sus plumas fueran tornándose de color rosado, de lo contrario serían blancas o pálidas. Los progenitores le dieron leche aviar durante dos meses hasta que su pico estuviera lo suficientemente desarrollado para filtrar los alimentos.  

A medida que transcurrían las salidas del sol y las lunas, Tokoko fue creciendo gracias a los crustáceos y las algas que filtraba con su pico en las lagunas, separándolos del barro. Al cabo de muchas lluvias, esos alimentos lo volvieron un flamenco muy rosado, el más deseable por las hembras como compañero. Ya era el momento del apareamiento por lo que Tokoko emprendió el vuelo hacia el Santuario de Camarones, que se encontraba ubicado en Colombia, donde se conocieron sus padres antes de concebirlo.

Antes de llegar al Santuario, la bandada de Tokoko tenía que alimentarse en la laguna de Cardón, en el desierto de La Guajira, territorio de los humanos wayuu, un sitio que siempre les había servido como banco de alimentos. Pero cuando se aproximaban a la laguna, la mayoría del grupo se estrelló contra unas redes de alta tensión que nunca antes habían visto, fueron construidas hace unas lunas por otro grupo de humanos, los alijuna, llamados así por los wayuu porque no eran como ellos. 

Muchos flamencos murieron degollados y por los golpes al momento de chocar con el suelo. Tokoko sufrió una herida en su pata derecha por lo que no pudo seguir volando y bajó al suelo donde vio los cadáveres y demás heridos de su bandada, también se encontraban muertos y golpeados varios pelicanos y patos que los acompañaban en la ruta hacia el Santuario. La escena era de terror.

Esta situación era otro problema más que se sumaba a las amenazas de la supervivencia de los flamencos rosados, porque eran aves que se las cazaba para ser vendidas y a pesar de las prohibiciones de las autoridades alijuna, eran capturadas para ser comercializadas clandestinamente.

Unos niños wayuu, habitantes de esa zona al ver el panorama triste en la laguna fueron a auxiliar a las aves heridas, a pesar de la creencia de sus padres, quienes decían que los flamencos rosados anunciaban velorios y causaban enfermedades en la garganta por su mala influencia, sin impórtales esas historias recogieron los cadáveres para enterrarlos y de esta manera evitar que contaminaran las aguas del Cardón y luego se llevaron los heridos a sus ranchos incluyendo a Tokoko. Eso sí, procuraban acostar a sus hermanitos boca abajo en los chinchorros, porque según los mayores las aves podían enfermarlos de esa manera. 

Tokoko fue dejado junto con las demás aves cerca del corral donde estaban los chivos mientras los wayuu buscaban un veterinario en Uribia, pueblo cercano al lugar de la tragedia. Cuando este llegó a la comunidad, se encargó de los cuidados de los flamencos, pelicanos y patos hasta que estuvieran recuperados de sus heridas. Tokoko sanó muy rápido la herida de su pata derecha por lo que ya podía seguir volando, pero decidió esperar a sus compañeros de bandada.

Mientras tanto el veterinario alertó a las autoridades alijuna del peligro que representaban las redes de alta tensión para las aves migratorias porque se les atravesaba en su ruta hacia el banco de alimentos de la laguna del Cardón.

Cuando todos los de la bandada se recuperaron reiniciaron la ruta. Un grupo se quedó en la laguna de El Pájaro, donde existía otro banco de alimentos, cerca de allí están las salinas de Manaure, que, según los ancianos wayuu, fueron las cenizas de una cabra sacrificada por Juya con sus rayos, cuando esté se enojó con su hermana Iwa la primavera por no casarse con Jepireshi el viento suave al principio de los tiempos.

Otro grupo de la bandada se dirigió a las playas de Jepira, sitio de descanso de las almas de los wayuu muertos, donde se encontrarían con otras aves migratorias para alimentarse de la abundante comida que existe en ese lugar.

Unos más llegaron hasta Musichi y el resto, entre los que se encontraba Tokoko, fue al Santuario de Camarones, el destino más lejano hacia el sur. Allá se podía ver la inmensidad de la Sierra Nevada de Santa Marta, la montaña más grande del mundo que está cerca del mar.

Cuando llegaron al Santuario, el flamenco de este relato conoció a Nalys, una hembra a la que impresionó con su brillante plumaje rosado y a la que invitó a danzar, aunque ella al principio se mostraba reacia a su cortejo, aceptó la invitación y bailó con el macho durante toda la tarde.

Nalys sería la hembra con la que Tokoko regresaría a la Ciénaga de los Olivitos a continuar el ciclo de la vida, tal como lo hicieron sus padres en este lugar.


 

Glosario

Alijuna: Término en lengua wayuu con el que los hablantes de esta lengua designan a los que no son de su pueblo.

Iwa: Deidad wayuu, primavera.

Jepira: Cabo de la Vela (La Guajira, Colombia) en lengua wayuu.

Jepireshi: Deida wayuu, viento suave.

Juya: Deidad wayuu, lluvia, gran padre de los wayuu.

Mma: Deidad wayuu, madre Tierra de los wayuu.

Musichi: Santuario de flamencos en Manaure (La Guajira, Colombia). 

Uchii: Tercera generación de la vida, corresponde al reino animal.

Pülashii: Primera generación de la vida, corresponde a los fenómenos de la naturaleza.

Wayuu: Pueblo indígena que tiene asentamiento en el departamento de La Guajira (Colombia) y el estado Zulia (Venezuela).

Wunuu: Segunda generación de la vida, corresponde al reino vegetal.

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5 comentarios en «Travesía rosada»

  1. Compadre, Juan, qué buen relato, la verdad consumo con prisa cada uno de sus escritos ya que me siento cercano con ellos porque formo parte de ese ecosistema, pero no solo es por esto, es porque usted escribe bien y me alegra mucho que sean letras wayúu. Por otra parte,
    es válido agregar el glosario para que los alijunas podamos acercarnos al texto, especialmente los que viven lejos del contexto desde el cual escribe.

  2. Profe, que buen escrito, y que felicidad de que tokoko, pudo llegar sorbrevivir a las terribles ideas creadas por el ser humano el que enseña a crear la fauna, pero tambien a acabarla.

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