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A TARDE SER

Javier Quiñonez Quiroz

 

SIN PERDÓN

Cuántos días pasaron sin alcanzar

la mano delicada de tu existencia,

cuántas páginas quemadas en las hogueras de los días.

Ayer como un minutero caminaron tus besos

hacia senderos limpios

y con cada mirada tuya

un mar perdía una ola indescifrable.

La juventud de tus labios brotaba placeres infinitos,

y entre amar y pecar la diferencia no existía,

solo era un toque de piel  y de ello vivíamos,

con ello jugábamos en un edén propio

restaurando vidas,

creando mundos y universos al azar,

 levantando olas en los desiertos de las flores,

caminando sobre estelas de tiempo transcurridos

en horas futuras.

Bañándonos en un mar de lágrimas complicadas,

teniendo en nuestros brazos el aire de cada uno,

arrullando estos pies cansados,

mirándonos a espaldas de los espejos

botando cada expresión nacida de los labios,

arrodillados en reverencia

a ti y a  mí

a los dos.

 Dioses que lamen sus  pecados.

 

 

CANCIÓN SIN TIEMPO

Está la misma balada,

el mismo lugar, la voz de siempre

canta en la sombra de la tarde

pero no es la misma hora.

Son los mismos recuerdos del ayer

que volvieron a posarse

sobre los arbustos de los instantes.

Sigues ahí con la desnudez de las cinco.

 Sin saber porqué

cada lugar que recorro

me  viste con tu sombra.

No pude olvidar

tu risa, tu pelo, tus ojos,

las ensenadas y penínsulas de tus manos

la forma de tus pies,

cada torrejita de tu boca,

las dulces manzanas en tu pecho

la humedad de tus besos,

tus ojos de cielo

y tu mirada en invierno.

En mi  recuerdo ahora

me cobras cada caricia eterna,

una deuda sin tiempo

es el precio que pago por conservarte.

 

 

A TARDE SER

Estoy triste es cierto, ya lo ves,

mis alas se cansaron,

las palabras murieron antes de pronunciarlas,

 la sonrisa huyó de mis labios,

 y la tristeza abriga mi alma.

solo sonrío con esta soledad que dulcemente

me narra sueños y locuras,

 mis manos escriben

mientras mis ojos se pierden en el blanco

virgen de la hoja.

Las horas se me escapan de los dedos

y se pierden entre los escombros del tiempo,

¿y tú qué haces?

quizás lo mismo de siempre,

correr con la brisa, jugar con el sol

en las tardes brumosas, sonreír en la noche,

desnudar tu cuerpo al rocío de la ducha,

impregnar tu olor en la toallita blanca,

dejar en el espejo

un recuerdo lívido de tu  piel desnuda.

Te das cuenta que te necesito para acabar

con estos pesares,

y tú  me necesitas para cubrir tu cuerpo,

para correr juntos con la brisa,

y escondernos en las grietas de las noches

para que nuestras pieles sonrían juntas,

 y  mis ojos sean el espejo que guarden

tu cuerpo desnudo.

 

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