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CENA DE NAVIDAD

Patricia Oropeza

Como cada año en Nochebuena, hay una mesa con manjares preparados por mi abuela; no pueden faltar esas delicias que solo los paladares más finos degustan pocas veces en la vida. Jugosas carnes bañadas en salsas exóticas, bebidas burbujeantes que hacen reír a los que las ingieren sin limitarse y por supuesto, el brebaje frutal mezclando sabores imposibles, dando como resultado un elíxir digno de los dioses. Mi desesperación infantil me ha llevado a ingerirlo sin esperar que se enfríe y ahora, mi ardorosa lengua paga el precio.

Poco importa una lengua quemada frente a ese desfile de viandas coloridas perfumadas por las especias que mi abuela elige para seguir al pie de la letra la receta transmitida, celosamente, de generación en generación. Mi parte favorita, hacia el final de la cena: recibo un plato de porcelana exclusivo para festividades con manzanas y nueces, cubiertas de crema dulce bajo la advertencia de no romper el plato; disfruto en cada bocado esas explosiones de sabor.

Degusto el postre, escucho a mi abuela mientras se pone de pie; invita a todos los participantes en la cena para hacer un brindis y dedicar algunas palabras con motivo de aquella celebración tan especial; además con el afán de animar a los demás, se autonombra la primera en la ronda para elevar su voz: «Brindo por esta hermosa familia y todas las bendiciones recibidas a lo largo de este año, que el nacimiento de Jesús sea un renacer en nuestro corazón y en él perdure la bondad…»

Cada comensal toma su turno en un breve discurso revelan su personalidad, algunos muy serios otros muy divertidos, hacen del brindis navideño algo menos tedioso para una niña de mi edad. Sin que los adultos lo noten, me deslizo suavecito por debajo de la mesa en complicidad con ese largo y florido mantel; escapo de la ronda de palabrerías.

Llego a la sala, ha sido cambiado su sobrio arreglo diario por luces coloridas en las ventanas, guías con flores de nochebuena y un gran pino oloroso a bosque le han colgado esferas que reflejan los brillos de las luces, suenan villancicos al ritmo de las lucecitas navideñas.

Mis ojos rebosan felicidad, mi corazón palpitante me recuerda dormir temprano para recibir obsequios que el Niño Jesús llevará hasta mi sala por portarme correctamente el año completo. Me acurruco en el sillón más cercano al pino navideño asegurándome así de no ser olvidada en la repartición nocturna de dádivas con origen celestial y duermo confiada en mi buen comportamiento como cualquier pequeña lo haría. Al despertar, el milagro navideño infantil: regalos hermosos que solo vistos por los ojos correctos, tienen un valor incalculable.

En honor a la niña que fui, cada amanecer busco en mi corazón apreciar ese milagro diario que es la vida misma.

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8 comentarios en «Cena de Navidad»

  1. Gustavo Adolfo Cárdenas cardenas jorda

    Un trabajo hermoso y que nos evoca a estas fechas con recuerdos de los momentos familiares. Gracias Paty eres mi escritora favorita. Y FELIZ NAVIDAD

  2. Ana Laura Mendoza Guerrero

    Mi Paty Hermosa, cómo cada uno de tus poemas, éste es hermoso, pero sobre todo me transportó a mis mejores recuerdos en mi niñez.
    Gracias por permitirme ser parte de tu vida
    Te quiero mucho.
    FELICIDADES POR TODA TU INSPIRACIÓN!!!

    Felices fiestas.

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