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AUTORRETRATO

Ángel Woo’uliyuu

Hoy, soy lento de pasos, corto de vista, y de pocas palabras. Lo primero y lo último, no es natural ni mucho menos genético, sino, el resultado de una enfermedad que los especialistas llaman: ACV o isquemia cerebral; en cambio, para el común, que no se complica la vida con términos científicos ni nada por el estilo; lo llama simple y llanamente Trombosis, si, así, a secas. De allí mi contoneo al caminar y dificultad al hablar.

Mi paladar, antaño, degustaba todo. Este, también tuvo un giro de 180°. Es decir, ya no hay excesos en la comida ni en la bebida. Todo medido, dietético: menos carne, más verduras. Con el etílico: cero.

Apasionado a las letras soy, apasionado a los buenos libros soy, pero mi excesivo amor hacia ellas, también me pasó factura. La evaporación  de las líneas de las páginas de un libro mientras las recorro con mi vista, va configurando en mi mente; la trama, el desenlace y proyecta en ella, una imagen visible y tangible del personaje del cuento, de la poesía o de la novela, que me impide soltarla. Esta rutina, diaria, constante, cual ritual sagrado, hizo que mi vista se cansara. Ahora, tengo mucha dificultad en leer caracteres pequeños. Sin embargo, aquí estoy, en la lucha, sin bajar una línea; facilitando saberes, académicos y ancestrales en los  claustros educativos.

No soy tan joven, tampoco tan viejo. Para salir de dudas, juzguen ustedes mismos. Les puedo decir que cronológicamente, llegué a existir hace cinco décadas. Súmele  a ello un número primo de nuestro sistema decimal, el primero, y allí  tienen mi edad, contados  justo a partir del Día del Estudiante Caído.

No soy tan alto, tampoco tan bajo. Mi estatura está en la medida estándar de mi raza. Para más información, les digo que el color de mi piel, el color de mi cabello, la forma de mis ojos, la forma de mi cara y de mi cuerpo, es la herencia biológica de mi pueblo, un pueblo ancestral que se asentó en este territorio hace miles de años. Hoy, somos el grupo étnico más numeroso de mi país.

En la parte norte de Sur América, justo en una península, en medio de la sal y frente al mar, estoy. Azul celeste y blanco es el confalón de mi municipio, verde y blanco el de mi departamento; amarillo, azul y rojo, el de mi país.

Les cuento además que mi comportamiento, algunas veces viene acompañado de patrones primigenios. Las ceremonias, los rituales, las danzas; son replicados por mi familia paterna y materna, también por mis tres críos y por mi mujer. Respecto a mis dos hijos y mi hija, ninguno llega a la mayoría de edad y a mi señora la duplico en mis años vividos, hasta ahora.

En los últimos tres lustros, he estado inmerso en  el arte de escribir cuentos y poesías. Con suerte, algunos he publicado, otros, están en espera de serlos, otros en construcción, eso sí, en mi lengua madre el wayuunaiki y, por supuesto, en esta, con la que ustedes han estado decodificando e interpretando hasta ahora, mi pequeño relato, mi autorretrato.

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2 comentarios en «Autorretrato»

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