CARTA ASTRAL
Hay una parte de mí que nunca nació.
Se quedó arriba, viéndome vivir.
A veces levanto los ojos
y me pregunto
si esa otra parte de mí
también siente lástima
de este hombre.
Qué raro es el amor.
Se parece a una constelación:
uno junta puntos lejanos,
imagina una figura,
le pone un nombre
y después
pasa la vida defendiendo ese dibujo
en el que tal vez nunca
estuvimos escritos.
Nunca he creído
en las lecturas
del cielo,
de los astros
y de las estrellas.
Pero sí en la carne.
Quién decidió
que nos conociéramos en agosto.
Pudo haber sido abril,
julio o diciembre.
No sé si alguien me señaló
el banco donde me sentaría
a esperarte.
Quién escogió nuestra ciudad.
Tampoco sé quién escribió tu nombre.
Tal vez las estrellas ignoran la existencia.
Es tan solo casualidad
que dos personas consigan
atravesar la misma tarde
sin necesitar otra prueba que quedarse.
No es el cielo ni las estrellas.
Somos nosotros,
cansados,
llenos de dudas,
inventando entre puntos
nuestros nombres.
Somos nosotros los que necesitamos creer
que alguien dejó una señal:
antes del primer llanto.
Antes del primer beso.
Antes del primer orgasmo.
Antes del primer adiós.
Si alguien pudiera hacer mi carta astral,
le pediría que no hable de suerte.
Que diga apenas
que hubo un hombre
que confundió el cielo con el deseo,
que pasó la vida buscando en las estrellas
el rostro que solo aparecía
cuando cerraba los ojos.
¡Extraordinario, Petro!
Gracias.
Abrazos.