
Ni costeño ni cachaco ni caleño ni guajiro; ni alto ni bajito ni gordo ni flaquito; ni joven ni viejo; ni diplomático ni poeta ni músico ni emprendedor ni ajedrecista ni ingeniero. Escribe a cada rato y se inventó la Torre del Silencio. No es un escritor serio, se ríe mucho. Se la pasa jugando con palabras por lo que difícilmente podría decirse que se circunscribe a alguna corriente o escuela.



La atracción, la química y la causalidad tienen una explicación. En este pequeño texto podemos darnos cuenta de ello.
¡Felicitaciones, Carlos! Disfruté leerte.