Letras muertas
Renuncio al calor de tu cuerpo junto al mío y al dolor que dejas cuando has partido. Renuncio a entregarte mis cálidos brazos,
renuncio al dibujo que haces en mi espalda con tus dedos fríos.
Renuncio al calor de tu cuerpo junto al mío y al dolor que dejas cuando has partido. Renuncio a entregarte mis cálidos brazos,
renuncio al dibujo que haces en mi espalda con tus dedos fríos.
Suelo ser muy temerario, no intentes cortar mis alas. No soporto el cautiverio, mucho menos las jaulas.
Disfruto escribir poemas y poesías para ti, y más cuando imagino tu sonrisa y tu mirada, tan dulce y cálida como aquella noche en la cabaña.
Es sensacional esa condición; a pesar de ser mi imaginación,
no imagino un número mayor al valor que tienes en mi corazón.
A su entrada se puede apreciar un hermoso paisaje combinado de estrechas elevaciones, declives y planicies.
El ambiente de la fiesta se había transmutado en espacio para la muerte. Uno de los dos caería en cualquier momento bajo el inexorable destino que le guardaba el cuchillo del otro.
Quiero sentir siempre tu sudor, cuando estalle con el mío un volcán en erupción… ¡No más al hacernos el amor!
La pasión que corre por nuestras venas se traduce en el golpe de cada palabra que damos, en la fuerza de nuestros ademanes, en la fantasía de nuestros pensamientos, en la repetición, de la repetición de las acciones que son la base del amor.
La puerta del ascensor se abrió y busqué con los ojos el número de la habitación que aparecía en la tarjetica que me había entregado Luis, mi nuevo amigo en mi trabajo.
Recuerdo a los árboles moverse a nuestro alrededor, no sentía calor, ni vergüenza, ni miedo. Sentía dicha. Ser tuyo en cada respiro, en cada desdén de tus manos sobre mis muslos. Sobre mi rostro, sobre mi espalda, sobre mi pecho…