Plegaria de Ulises
Me he extraviado en la adoración de la aridez y en el exilio del desierto. Yo sé que estás hecha de riegos y penumbras
Me he extraviado en la adoración de la aridez y en el exilio del desierto. Yo sé que estás hecha de riegos y penumbras
En el sueño soy un niño que
juega con el barro.
Un bebé que succiona
los pechos de su madre.
La sombra de una hoz opacó la mañana. Nubes grises desataron tormentas de sierras y de rifles
destrozando voces y también verdades.
El día había empezado normal, todos llegaron puntualmente a su puesto de trabajo, incluso yo, que vivía al otro lado de la ciudad…
La primera de la subasta fue un alma rabiosa. Segunda Guerra Mundial. La encontraron en una trinchera.
Desde aquel beso,
beso ingenuo,
beso de amor,
beso de recelo y locura,
fluyo en el aire
que lleva tu aroma
Era la única vivienda que conservaba intacta la arquitectura del siglo XIX y, por mera coincidencia, en esa estructura de adobe, cañabrava y zinc, vivía su tío Jesús.
El viejo relojero en esa misma calle. Se ha cambiado de acera varias veces en tres décadas.
Nos mira a través de su lupa
Suspiro viéndote hacer pasarelas en el viento y sigo tu movimiento hasta el final de mis ojos
Mi felicidad soy yo
y nadie encadenará mi alma
con el disfraz del amor,
quien me ame…