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Al compás de la rima

Hagamos de nuestros cuerpos un nido, con galas de un romance en terciopelo, donde no persistan los muslos del olvido. ¡Acércate!, a mí, vivamos nuestro cielo.

El otro lado de la navidad

Su rostro, que se había vuelto severo y enjuto, se encendía y apagaba al compás del titilar parsimonioso de los bombillitos de colores que afloraban del árbol de navidad apostado en un rincón de la sala.

Don José

La muerte es caprichosa y se parqueó a esperarlo en Mariangola. La fiebre alta a consecuencia del paludismo, lo obligó a detenerse allí, con recua de mulas, contratadas apenas desembarcó en Cartagena,

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