Nací
Nací en los años que no recuerdo,
demasiado intento a delimitar confines mentales, y descifrar trayecto y soledad, en las risueñas noches de puros candores, de fragilidades atemorizadas en las trincheras de la juventud sin lustre…
Nací en los años que no recuerdo,
demasiado intento a delimitar confines mentales, y descifrar trayecto y soledad, en las risueñas noches de puros candores, de fragilidades atemorizadas en las trincheras de la juventud sin lustre…
Podré dar mil vueltas y siempre termino en un extremo de ella, esperando que algún día, pueda despertar, encontrar paz y renunciar a todo mal causado.
Latidos, ecos en nuestros cuerpos reclamando vida, gritando que la muerte, no siempre es el destino final. Fuiste para el gobierno minúscula piedra en el zapato, espina en la mano, grano de arena en el ojo que, sin necesidad de empuñar un arma, encolerizó al putrefacto y castrado Goliat.
Sacar el miedo de tu cuerpo, susurrarte que esta vida es tuya, porque todo lo escuchaste es mentira, porque puedes ser, a pesar de todo, a pesar de todos
mi niña, mi gran niña, estas a salvo.
Una cárcel tan eterna como su cuerpo y extensa como el mundo
la vuelve diminuta ensimismada
busca la llave pero solo encuentra a tientas los restos de su pasado las desidias de su historia los vientos de sus ancestros.
Farid de hecho siempre la escogía a ella independientemente de si jugaban a “Polis y cacos”, al “Balón prisionero”, al “Pilla Pilla” o como en este caso a la “Zapatilla por detrás”. A Aina le tocaba correr siempre, tanto si debía escapar de él como si pretendía atraparle.
Fue en uno de mis viajes que la conocí, no era como las que habitualmente conocemos al final de una noche mientras tomamos un buen whisky en el bar de un hotel o en el aeropuerto a punto de embarcar…
Al parecer lo tengo todo: Educación, un techo, una cama, ropa. Pero ahora tengo hambre, hace mucho que tengo hambre, y la ropa que compre cuando tenía dinero
Anocheció y mientras Catalina dormía alguien entró a su habitación, era una Pegaso muy bonita, color morado y pelo dorado. La Pegaso aleteó frente a la cama de la niña y con el brillo mágico de sus alas…
Por su rojo brillante, el espécimen que compré era un macho, las hembras eran de color rojo pálido, sus variados silbidos o cantos emitidos desde lo más alto de los árboles anunciaban la llegada de nuestro Padre Juya para bendecirnos después del período de sequía