Tengo que hacer pipí…
Mi bata roja de tela polar, la de mi ajuar de una boda en invierno me empezaba a dar calor… La habitación no tenía otra dependencia más que un balcón que daba al balcón del departamento vecino, estábamos en un sexto piso.
Mi bata roja de tela polar, la de mi ajuar de una boda en invierno me empezaba a dar calor… La habitación no tenía otra dependencia más que un balcón que daba al balcón del departamento vecino, estábamos en un sexto piso.
¿Para qué amargarme por ellos?,
abrazando la existencia apreciando cada latido de mi corazón, disfrutando de una buena charla, un vino junto a esa excelente canción, así que hoy solo decidí ser feliz.
Yo, hijo predilecto, nacido de las lágrimas inenarrables de los adioses, os guardaré en los remiendos eternos de la memoria.
Porque sé que tú la amas, reinventaría el significado de la palabra: amor, para que todo el mundo conozca que sí se puede amar más allá de la distancia, más allá de los límites, de la imaginación.
Soñé con narices ensangrentadas,
me veía como un trofeo para el más valiente. Pero prevaleció el sentido común… Y cada interludio tiene una vida breve.
Cobíjate con la incógnita de tus sentimientos, no llores, no te quejes, nada te falta, cierra bien la puerta, no se filtre el aire húmedo, y te refresque la memoria.
Hay otros que llevan un gran peso de familiares que hicieron tratados con energías desconocidas y vengativas, muchos inocentes cargan con los actos irresponsables de sus familiares.
Ha llegado la hora de revolver el silencio, amasar la paz que nos
prodiga la naturaleza, estrechar esperanzas, proteger la espiritualidad y no destruirnos.
Recorro pasajes de oscuridad y escucho voces familiares de inocentes, quienes susurran frases de hipocresía que predicen peleas por herencias inminentes.
Él estaba comenzando su adultez, tenía veintiún años cuando el destinó nos cruzó, yo treinta y dos en total plenitud, un año en soledad, mucho por vivenciar.