El amor que nació en el Inem
Como buenos campesinos eran optimistas y llevaderos, especialmente por sus buenos corazones y su humildad. Su padre le recalcaba lo importante del estudio generalmente por medio de llamadas telefónicas cortas.
Como buenos campesinos eran optimistas y llevaderos, especialmente por sus buenos corazones y su humildad. Su padre le recalcaba lo importante del estudio generalmente por medio de llamadas telefónicas cortas.
La palabra amor escala la distancia, abre puertas, se desliza ingenua por muros de sueños.
En aquellos ochentas para los meses de junio o diciembre, llegaban de la capital del departamento mis primos y mis primas a pasar unos días en el pueblo, se bajaban en la casa de mi abuela, había bullicio, juegos, regaños y mucha alegría en la vivienda.
¡Eras tú! Yo tenía los instrumentos, la leña seca, la arena, el mar, la luna, la brisa; Pero llegaste tu y me trajiste todo.
Las hojas rojas de los almendros avisaban el inicio de semestre y el hervidero de estudiantes de ingeniería se arremolinaba en la cartelera informativa…
Maravilla bajo las aceras calientes te sentabas a reposar y a nuestra casa te invitábamos a entrar. Qué especial árbol de mango que tus cálculos e historias aún deben en él resonar.
Tu mirada es más profunda y brillante que el firmamento nocturno, lo que estoy viviendo es como estar inmerso en un laberinto sin salida.
Afligidas letanías cantan en los cielos
mezcladas con los indiferentes vientos, sumergidos en la trinchera de la muerte donde solo habitan los cuervos…
Es hora de hablar poco, para que el silencio nos escuche.
Abro la ventana y los acaricio, ellos muy emocionados sueltan lengüetazos, recargan tiernamente sus cabezas en mi regazo, por algunos segundos me miran como si comprendieran mi desánimo, y el amor que siento de ellos es increíble.