La voz de unos jóvenes
Empezaron cuatro y unos tantos,
cantos a la brisa que se grafitearon en las fachadas de casas, edificios vitrinas y comercios.
Empezaron cuatro y unos tantos,
cantos a la brisa que se grafitearon en las fachadas de casas, edificios vitrinas y comercios.
Sin la necesidad de los perros que aúllan a la luna Y huyen de la vida Camino por las calles sin destino y sin sentido.
Me acordé de tus consejos y tus
promesas también lloré por mentirte
De los ciento treinta millones de libros publicados por la humanidad, ha elegido uno de los libros favoritos del muchacho caminante.
Mira, aquí en esta revista lo dice. Pero ya dije que no voy a luchar. Para qué seguir fantaseando con lo imposible. Lo que no fue, no será.
Esa puerta al sol al despuntar el alba, esa entrada a un mundo perfecto, un retazo de cielo que me llena el alma.
La sombra del temor reaparece una y otra vez con la misma pregunta ¿Qué vas a hacer?
Alteraste la trama de mi blusa
y con tus dos últimas frases
renunciaste a mi poesía y mi sangre.
Rodaba la cinta y se escuchaban rumores de luces que coloreaban la nada, que surcaban a unos cuantos pies de altura.
Como perros callejeros deambulan algunos sueños con andrajosos trapos escondiendo, tal vez, su verdor.