Farolas
Halos de luz mortecina me exhortan a que siga por nuestra vía peregrina alumbrada desde la preñez de unas farolas fernandinas en perpetua mudez.
Halos de luz mortecina me exhortan a que siga por nuestra vía peregrina alumbrada desde la preñez de unas farolas fernandinas en perpetua mudez.
Rosaura iba y venía de Bogotá, allá estudió siempre. Sus vacaciones eran de su casa a la finca de sus padres y de allí a sus estudios. Ella, al contrario de Maté, nunca había recorrido las calles de su pueblo y aunque tan pequeño no lo conocía, no conocía a sus gentes, no sabía de sus problemas ni necesidades y había en el pueblo personas que no sabían quién era ella.
Ya aclaró el cielo, ya no hay oscuridad, ya no hay encanto, volví a ser yo. Será esperar la noche y no dormir, que vuelva toda esa magia de nuevo en mí.
Tus latidos con los míos se hacen uno al bailar bajo el cielo nocturno, cada giro entrelaza nuestras almas como passiflora entre las ramas.
Me desperté y al asomarme por el ventanal sentí el tibio calor de la mañana, el olor del mar y la voz de la brisa. Un barco a lo lejos parece inmóvil. Un niño de piel trigueña, setenta centímetros de estatura, cabello ensortijado, ojos de tierra y mirada de cielo, ingresó por la puerta.
Cuando la puerta se abrió, la libertad no apareció enmascarados rostros cubrieron mis ojos en una carroza fúnebre recorría noche como si buscaran un campo santo para abandonar mi cuerpo que parecía no querer morir.
Soledad, mi eterna amiga, rodeada de muchas personas, pero yo… solo yo la siento, la vivo, la escucho. No siempre es mala, prejuiciosa, cruel, desalmada, muchas veces después de tantos reproches me recuerda lo valiosa que soy.
Este mar que apoya el azul sobre el sonido mudo de una roca, como un laberinto de sal que goza de la vida conociéndose a sí mismo todavía espuma: infinito que se adensa.
El lobo, como el cuento, también ha evolucionado en algunos de sus ejemplares, aunque su hábito nato de devoración y sed de sangre sigue intacto y oculto bajo un pelamen relamido.
Consumida por el amor, pasaré mis días mirándote desde lejos, mientras triunfas entre las jóvenes doncellas, tú, efímero hombre, culpable del olvido de los sueños. La tierra es mi hogar y mi alimento, y el sol, es la luz que me tendrá en su poder.