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Los ojos de la esperanza

Rosaura iba y venía de Bogotá, allá estudió siempre. Sus vacaciones eran de su casa a la finca de sus padres y de allí a sus estudios. Ella, al contrario de Maté, nunca había recorrido las calles de su pueblo y aunque tan pequeño no lo conocía, no conocía a sus gentes, no sabía de sus problemas ni necesidades y había en el pueblo personas que no sabían quién era ella.

Detención

Cuando la puerta se abrió, la libertad no apareció enmascarados rostros cubrieron mis ojos en una carroza fúnebre recorría noche como si buscaran un campo santo para abandonar mi cuerpo que parecía no querer morir.

Soledad y yo

Soledad, mi eterna amiga, rodeada de muchas personas, pero yo… solo yo la siento, la vivo, la escucho. No siempre es mala, prejuiciosa, cruel, desalmada, muchas veces después de tantos reproches me recuerda lo valiosa que soy.

Este mar

Este mar que apoya el azul sobre el sonido mudo de una roca, como un laberinto de sal que goza de la vida conociéndose a sí mismo todavía espuma: infinito que se adensa.

El eterno girasol

Consumida por el amor, pasaré mis días mirándote desde lejos, mientras triunfas entre las jóvenes doncellas, tú, efímero hombre, culpable del olvido de los sueños. La tierra es mi hogar y mi alimento, y el sol, es la luz que me tendrá en su poder.

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