El reloj
Tic-tac, tic-tac suena fuerte esa campana muy dentro de este corazón, se acaba el tiempo, Agoniza un sueño, muere lentamente un amor.
Tic-tac, tic-tac suena fuerte esa campana muy dentro de este corazón, se acaba el tiempo, Agoniza un sueño, muere lentamente un amor.
los tejados brillaban, aruñados por musas muertas, todo goteaba
amenazaba la herrumbre iba de pie en el Colectivo: muletas, máscaras, agujeros negros.
Dudas ingenuas, preguntas trascendentales, abordan tu mente, mientras te llenas de vitaminas.
Esa tarde, mientras salía de su habitación, pude percibir el doloroso esfuerzo que le costaba a mi mamá dar cada paso, aún recostada al caminador sobre el cual se apoya desde hace algunos años y me dio mucha tristeza verla así.
Un día desperté y entendí: que ya no me veía en sus ojos no me sentía en sus manes y en su cielo no brillaba mi estrella favorita.
Quinientas palabras para mejorar mi escritura. «Mejor aún durante la noche cuando el ego está cansado y es fácil derrotarlo», dijo el maestro. Sonreí mientras lo escuchaba ¿Qué clase de ego es quien siempre maldice todo cuanto soy, yo y siempre yo…?
Esta vez fue un encuentro casual mientras paseaba en el malecón. Al verla de dicha saltó mi corazón que ante ella se emociona igual. Tendida bajo playeros parasoles, como la bella diosa Artemisa, ella recarga su alma con las brisas, los calores y las luces de arreboles.
Nos revelamos contra el sistema, pero entre nosotras mismas lanzamos injurias, muchas veces a la espalda porque no tenemos el coraje de decir las cosas de frente.
El barbado iba a hablar, pero Joaquín no le dio tiempo: se abalanzó sobre él con evidentes muestras de querer golpearlo. No tuvo más que entregar la cartera, cambió de mano el celular y huyó despavorido.
Emoción y lágrimas mezcladas con alegría, frente a mí un ser amado:
Mi madre me espera, extiende sus brazos, como si quisiera protegerme y sostenerme en el aire.