Idea de libertad
La libertad es incesantemente olvidada, nada leve, reclamos que comienzan con algunas palabras, polvos que hacen pájaros de la eternidad.
La libertad es incesantemente olvidada, nada leve, reclamos que comienzan con algunas palabras, polvos que hacen pájaros de la eternidad.
Los ojos se fijan en la blanca luz
contemplan en la sombra un rostro menos gris unos brazos semejantes al viento. Detrás de la ventana una mujer arrulla su dolor en secreto.
La tarde de un viernes de agosto de 1958, dejamos colgadas las batas de trabajo y olvidamos los implementos de ciencia para abrirnos paso en la noche de la ciudad. Unos cuantos tragos fueron suficientes para liberarnos de la rigidez.
Cuando llegaron al Santuario, el flamenco de este relato conoció a Nalys, una hembra a la que impresionó con su brillante plumaje rosado y a la que invitó a danzar, aunque ella al principio se mostraba reacia a su cortejo, aceptó la invitación y bailó con el macho durante toda la tarde.
Todo era distinto, de los golpes y de la humillación de aquella flor, hoy solo quedaron los recuerdos, los malos y buenos momentos, el buen amor.
Como dice un amigo que conozco hace poco, por esa “esa mala costumbre de trabajar para sobrevivir”, luego de bañarme y colocarme la ropa característica del caribe colombiano, agarré la bicicleta todoterreno amarilla fosforescente y me encaminé al lugar donde trabajaba.
crecientes decisiones, camuflará en el agraciado séquito el origen del dulce pasado.
La mesa de Dominó es el centro de atención y objetivo final de la gran mayoría de vecinos que se acercan a presenciar, sin dejar de ser partícipes de la actividad social, es toda una obra de arte la que se configura entorno a ella.
Aquella mañana mi madrina me despertó gritando, ¡Está nevando!, ¡Está nevando! Pensé: No es posible y corrí a la ventana del hotel para ver. Me quedé sorprendida, era un lugar mágico, la nieve parecía una cortina de tul y una leve neblina daba un toque más irreal a aquel paisaje
¿Para qué has venido? No ves que el «recolector de nubes» brama tu nombre mientras tú me incitas a cabalgarte. Tú has perdido las alas y yo las sandalias de Perseo, ¿cómo quieres que volamos de nuevo?