Sin decir palabra
Se detuvo la manecilla del reloj sin decir palabras, solo se escucha el sollozo del ruido del dolor se escucha el eco de la vida y de los sueños de lo que fue y no fue.
Se detuvo la manecilla del reloj sin decir palabras, solo se escucha el sollozo del ruido del dolor se escucha el eco de la vida y de los sueños de lo que fue y no fue.
Se marchó, no sé a donde, tal vez la esté pasando muy bien. He dejado el contestador automático por si acaso se arrepiente y me llama. Como también, su llave escondida en la matera, cerca de la puerta.
Tal vez falta de amor y quien pocas veces contempla la luz de la aurora, y quien en el anonimato cree alcanzar grandeza y honra pero en realidad…
Esa manifestación no corresponde con mi persona, bien puedan poner al lado y lado de esa efigie, arrugadas hojas de papel de las tantas por mí lanzadas sin tino a la caneca…
Fértil es tu cuna que mece las flores
Y que suavemente hace caer los frutos. Arrullas la flora y también a la fauna para que siempre sueñen con la primavera.
El hombre espera paciente la caída de la espina en el endurecido corazón derramar así el amor represado por años, aunque
agonice, aunque cierre por siempre los ojos en ese instante de eternidad.
De pronto, divisó la figura de un hombre, se dirigió hacia él y le preguntó por un alojamiento. Era Aminto, el hijo de la india Eusebia y el negro José…
La poeta nos lleva como en un sueño, por un vedado y al mismo
tiempo exquisito erotismo, el cual va capturando nuestros sentidos. Sensualidad que se cuela como el alcatraz que es conducido por
la nube…
Quería comerme a esta urbe para recordarla tal cual es, para poder contársela a mis hijos cuando narrara historias del álbum de fotografías del primer viaje a la Ciudad de la Furia.
cuando las letras se escapan, de los labios huyen, a los dedos saltan;
en efusiones se derraman, sobre la piel vibran, en sombras se amparan,
en versos nos enredan…