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Convergencia de sueños

Cuando el frio cala los huesos se hace más perturbable, quiero salir, echarlo lejos lanzar el grito acostumbrado pero no sé quién puede ser; tal vez sea un anciano cuya vejez lo tomó desprevenido y descansa sus años en el dintel ¿o quizás soy yo que olvidé entrar?

Poesía de pinceles y lienzos

Ranjan no podía apartar de su mente la noticia de la trágica violación de ayer en su barrio. El agresor mató a la chica. ¡Cómo es posible que la gente sea tan despiadada! Ranjan no pudo relajarse en absoluto, y no se atrevió a participar en el cotilleo habitual con sus amigos aquella tarde.

Héroe de las alturas

Su poderío es la espiritualidad sublime, alberga en su pecho los cantos mudos del alma cuando trasciende y habita en su victoria hasta el final.

El deber del poeta

El renacer tras la parca. El amanecer después de la tormentosa noche…
dar de beber esperanza a nuestra paradójica especie. El deber del poeta es para con las masas, liberarlos de su esencia anestesiada.

La versión de la vecina

Cuando el viejo se pone a insultar, yo prefiero salirme con ellos a dar una vuelta, o los llevo al parque, o a cualquier lado donde no escuchen esas cosas, porque ellos están muy chiquitos para aprender eso y porque también me da pena con mi cuñada que los trae aquí confiada que están bien y vea, aprendiendo los madrazos del vecino.

La extraña

Abelardo era un muchacho delgado, con acento tolimense, hijo de don Humberto que se dedicaba al cultivo de sorgo y algodón, andaba siempre en una bicicleta, a veces participaba corriendo alguna carrera ciclística.

Campbell

Quise alejarme de allí. No tenía sentido acompañar el cadáver de desconocido. De repente, me asaltó la esperanza de que Campbell viviera. Ostensiblemente, un temblor que me venía de adentro me hizo callar mientras los mariachis cantaban canciones de Juan Gabriel para el supuesto Campbell.

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