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Inocencia

A los dos nos gustaba escribir. A mí me atraía la poesía y a él la narrativa. Pero siempre nos leíamos, nos corregíamos. Nuestra ciudad nos parecía chica y sin esperanzas, así que nos mudamos a la capital.

Flor

Puede ser el día la espera de la luz explosión de un color a escondidas la flor créeme -luz de un día-

Heridas invisibles

La vida me iba desangrando, pero sin ruido, como un reloj al que nadie le presta atención hasta que deja de marcar la hora.
Me dolían las cosas que no duelen: los buenos recuerdos que te arrancan de golpe, los abrazos que no dieron, las palabras que se atragantan y nunca encuentran salida.

El último chamán

El recinto estalló en una gran carcajada que tardó en apaciguarse y, cuando se calmaron, volvió a estallar y así, por tres veces consecutivas dejando a la mitad del alumnado con dolor de estómago y al resto con la mandíbula dislocada…

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