Ese cabello negro largo
Me pierdo en placer si mi rostro encaja en tu cuello, ese azabache de tus hilos ardientes coge un destello, si entro en tu ser, siento tu fragancia y tu resuello, amo la sonrisa que escolta el telón de tu cabello…
Me pierdo en placer si mi rostro encaja en tu cuello, ese azabache de tus hilos ardientes coge un destello, si entro en tu ser, siento tu fragancia y tu resuello, amo la sonrisa que escolta el telón de tu cabello…
Mi ojo se torno rosado, inflamado de recibir señales de mi cerebro en cortocircuito. Derramé una lágrima, y unas cuantas. El iris se mostró oscuro ya que mi alma estaba en un hoyo profundo. Buscando una salida de expresión .
Empero la canícula atrayente de la desdichada embelesa por su calor latente al mensajero entre la vida y la muerte, eterno guardián del tiempo
encarnado en el diminuto colibrí real.
Puedo decir, a boca llena, que mi defunción habría hasta enorgullecido a mis compatriotas, ya que de seguro hubiera ocupado uno de los diez primeros lugares en una prestigiosa lista, nada menos que la de Mil maneras de morir, y convertirme así en el primer colombiano en estar allí.
Más allá había un prado verde repleto de flores amarillas, había aroma a hierba verde, había vida… Una vida exultante, una vida llena de música y ronda, una vida con sentido propio.
Mira, mira, mira hasta el último rayo de luz, hasta al último plano lúcido de una noche más lúcida. Sentirlo como el aire del mar, como un perro muerto, como las nubes esa tierra llena de lluvia en mis manos.
Tengo miedo que al escribir un sociópata ideológico por el rabillo del ojo me vea, que me amenace porque mis pensamientos y mi cursiva se vean fea.
Cada amenaza, la hubieses cumplido, así, no quedaría ningún vestigio mío. Pero, has dejado una mínima brasa en mi corazón marchito, y como el ave fénix, he renacido.
Si debajo de las hojas está el resto sordo también el otro tiempo canta mentiras las escaleras de Montale son empinadas rascan hasta la pulpa blanca. El óxido incrusta el aire de los santos la misericordia del salmo a las tres en punto reza lentas verdades en violines afinados al pecado.
En nuestra aljaba, las flechas son muchas, amuletos que instigan exaltaciones hipotónicas. ontradicciones vanas en la Ciudad de las naciones